Cumbre del G-20. Los expertos apuntan a las primas excesivas como una de las causas de la crisis
AGENCIAS. PITTSBURGH.
El G-20 planea crear duras normas sobre la remuneración de altos directivos bancarios en todo el mundo, una regulación que incluiría penalizaciones en caso de incumplimientos, según informaron fuentes internas de la cumbre del grupo que se celebra en la ciudad de Pittsburgh, en Estados Unidos.
De llevarse finalmente a cabo, según apuntaron fuentes diplomáticas, se podría poner fin a las bonificaciones y primas exageradas de los banqueros, beneficios que muchos señalan como una de las causas de la crisis financiera, porque favorecen la asunción de riesgos excesivos para conseguir beneficios a largo plazo.
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, confió en rueda de prensa en que como mínimo el G–20 acuerde unos "principios" sobre cómo hacerlo. Todo apunta a que en el comunicado final de la cumbre se hablará de la necesidad de vincular los sueldos de los banqueros con la salud de las finanzas de la entidad, en lugar de establecer unos topes específicos, como querían Francia y Alemania.
Eso sí, como el G-20 no tiene capacidad legislativa, cualquier cambio real en este campo quedará en manos de las autoridades nacionales.
En el caso de la propuesta alemana, la delegación alemana está a favor de penalizaciones si los bancos no aplican la normativa. Por ejemplo, en el caso de violación de las normas, los institutos podrían ser obligados a disponer de más capital propio.
Según las negociaciones celebradas hasta el momento, en el futuro ya no habrá bonificaciones garantizadas y las primas deberán estar necesariamente vinculadas con los beneficios o las ventas. Las autoridades de vigilancia controlarán el cumplimiento de este sistema de gratificaciones.
En el caso de que un banco en situación de emergencia solicite ayuda estatal, se le podrían recortar las gratificaciones a posteriori, de acuerdo a las fuentes consultadas.
EEUU, anfitrión de la cumbre, dijo este jueves –a través del portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs– que la reforma de la regulación del sistema financiero era la principal prioridad en la agenda de la cumbre del G-20 que arrancó ayer en Pittsburgh (Estados Unidos) entre los dirigentes de las primeras economías del mundo y los principales países emergentes.
Desequilibrios comerciales
Lo cierto es que con estas palabras Gibbs intentaba contrarrestar unas declaraciones anteriores de la canciller alemana, Angela Merkel, que alertó de que el interés de Washington en abordar en esta cita los desequilibrios comerciales entre grandes países exportadores como Alemania o China podría dejar en un segundo plano la urgencia en la reforma del sistema financiero. Los líderes que asisten a esta cumbre, y que representan al 85 por ciento de la economía mundial, también parecen de acuerdo en que será necesario mantener "durante algún tiempo más" los planes de estímulo que activaron de forma coordinada para reactivar la economía tras el estallido el año pasado de la mayor crisis desde 1929, según avanzó el primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt. Y es que, explicó, aunque han aparecido algunos signos de estabilización en la economía, el paro puede seguir creciendo.
Tanto Reinfeldt como el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, lamentaron este jueves la "falta de voluntad política" que han detectado para que países desarrollados y emergentes lleguen a un consenso sobre cómo financiar la lucha contra el cambio climático, otro de los temas en la agenda del encuentro.
Mientras los líderes comenzaban a abordar la agenda de la cumbre en una cena oficial, manifestantes antisistema se enfrentaban con la Policía, que les dispersó usando gases lacrimógenos y porras. Los escaparates de algunos establecimientos resultaron dañados.
Se desplegó un fuerte dispositivo de seguridad con el objetivo de garantizar la seguridad durante la celebración de la cumbre.