AGENCIAS.
Los máximos expertos mundiales en el tema de la desertificación advirtieron en Buenos Aires sobre el impacto de la degradación de las tierras en la producción de alimentos, un fenómeno que se puede prevenir y revertir mediante prácticas agropecuarias sustentables.
"Nuestra seguridad alimentaria está en peligro", aseguró el director general del Centro Internacional para la Investigación Agrícola en Áreas Secas, el libanés Mahmoud Solh, en la Primera Conferencia Científica de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).
La cita congrega desde hoy y hasta el próximo jueves en Buenos Aires a los referentes mundiales en investigaciones sobre la desertificación agrupados en el Consorcio de la Ciencia Aplicada a las Tierras Secas para el Desarrollo (DSD, por sus siglas en inglés), que dirige Solh.
La reunión, que se realiza en el marco de la novena Conferencia de las Partes (COP9) de la CNULD, busca establecer consensos en la comunidad científica sobre las causas de la degradación de las tierras, cómo medir este fenómeno y qué metodologías deben aplicarse para mitigarlo y prevenirlo.
Según el secretario ejecutivo de la CNULD, el beninés Luc Gnacadja, "el deterioro de la tierra es grave" y los científicos tienen la responsabilidad de "explicar y representar la dimensión del problema" para que los Gobiernos tomen conciencia.
La desertificación es el proceso gradual de degradación de las tierras en áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, con pérdida de productividad del suelo y por efecto de variaciones climáticas y de actividades humanas como cultivos o pastoreo abusivo, deforestación y prácticas de regadío deficientes.
El cambio climático empeora el panorama, pues la elevación de las temperaturas expondrá a los cultivos y al ganado a una situación de mayor estrés, con pérdida de productividad y "un impacto más severo en las zonas más secas", explicó el presidente del DSD.
Solh precisó que el 40 por ciento de las tierras del planeta están afectadas por esta problemática y que en ellas viven 1.700 millones de personas, el 16 por ciento de ellas en condiciones de pobreza crónica.