Edward Kennedy. Las memorias del desaparecido político, ya en la calle
AGENCIAS. WASHINGTON.
Las memorias del senador Edward Kennedy, quien falleció hace tres semanas por un cáncer cerebral, fueron publicadasayer bajo el título True Compass, en que el legislador escribió su historia y la de su familia. El volumen, de 532 páginas, fue acogido con entusiasmo por los críticos, que apuntan que el conocimiento de que no le quedaba mucho de vida dio libertad al hermano menor del asesinado presidente de EEUU John F Kennedy para redactar unas memorias muy emotivas y llenas de contenido.
En el libro, el senador recordó momentos como los asesinatos de sus dos hermanos, John y Bob -este último asesinado también cuando intentaba ganar la Presidencia del país-, y escribió que "los meses tras la muerte de Bobby son un borrón en mi memoria".
Kennedy hizo alusión también un incidente que manchó su carrera política y nunca quedó completamente esclarecido, la muerte de su secretaria, Mary Jo Kopechne, que falleció ahogada cuando el vehículo en el que ambos viajaban se hundió en un lago en Chappaquidick (Massachusetts). El senador logró salir pero tardó horas en dar parte del accidente. Esa tragedia, según confesó en sus memorias, "me persigue cada día de mi vida. He sufrido pérdidas violentas y repentinas demasiadas veces en mi vida, pero esa noche fue diferente. Esa noche yo fui el responsable. Fue un accidente, pero fui el responsable".
El senador aludió también a la muerte en accidente de aviación en 1999 de su sobrino John Kennedy, hijo del fallecido presidente y considerado el heredero natural de la dinastía. "Mucha gente se ha preguntado si John hubiera acabado presentándose a unas elecciones. Creo que lo hubiera hecho y él hubiera sido excelente. Iba por delante de su tiempo a la hora de entender el vínculo entre la cultura popular y la política".
También explicó en detalle su apoyo a Barack Obama. "En los primeros meses de 2008, de una amplia gama de candidatos demócratas cualificados emergió un joven tan carismático, tan electrificante, con una mente tan llena de buenas ideas que, antes de darme cuenta, estaba recorriendo los estados del oeste en su favor, como si me hubieran quitado la mitad de años, agitando el puño y gritando a las multitudes "¡Puedo oler el cambio!".