Discurso dEl presidente de EEUU ante las dos Cámaras del Congreso sobre la reforma de salud
AGENCIAS. WASHINGTON.
"Es hora de poner de lado las querellas. Ya no es momento de jugar". Así de rotundo se mostró ayer el presidente de Estados Unidos, Barack Obama en su discurso ante las dos Cámaras del Congreso sobre la reforma sanitaria.
Obama aseguró que el costo del plan que estimó en 900.000 millones de dólares en diez años se financiará con los ahorros que se logren tras el perfeccionamiento del actual sistema de salud. "Es menos de lo que hemos gastado en las guerras de Irak y Afganistán, y menos que los recortes de impuestos para los pocos estadounidenses ricos que el Congreso aprobó al principio del gobierno pasado", subrayó tajante.
En su apasionado parlamento -"no soy el primer presidente que asume esta causa, pero estoy empeñado en ser el último", subrayó-, Obama insto al Congreso a aprobar "ya" una reforma sanitaria que, tal y como la describió, representará un profundo cambio con respecto al sistema actual y aseguró que la reforma contendrá "protección para aquellos con seguro médico, un sistema que permita a los individuos y empresas adquirir cobertura asequible y la obligatoriedad de que quienes se lo puedan permitir cuenten con un seguro sanitario".
"Creo que hay un amplio consenso en torno a estos aspectos del plan", si bien "persisten por resolver detalles significativos", indicó Obama, en una afirmación que fue recibida con las risas de la oposición republicana.
No fue la única interrupción. Un insólito abucheo, en una referencia a los inmigrantes ilegales, rompió las habituales salvas de aplausos en la intervención del presidente. Obama había completado la primera parte de su discurso, en la que expuso las líneas maestras de la reforma, y procedía a refutar lo que consideraba "mentiras" divulgadas en torno a la medida. Así, aseguró que "hay quienes afirman que nuestro esfuerzo de reforma asegurará a los inmigrantes ilegales. Esto, también, es falso. Las reformas que propongo no se aplicarán a quienes se encuentran aquí ilegalmente".
En ese momento, el congresista republicano por Carolina del Sur Joe Wilson gritó "¡Usted miente!". Desconcertado por un instante, el presidente interrumpió su discurso un momento antes de proseguir, mientras en la balconada de la Cámara la primera dama, Michelle Obama, movía la cabeza en señal de reprobación. Posteriormente, Wilson se disculpó por su comportamiento y aseguraba que se había "dejado llevar por sus emociones".
La poco habitual comparecencia del presidente ante ambas Cámaras del Congreso representaba una arriesgada apuesta política, con la que Obama buscaba recuperar la iniciativa en una reforma que se ha convertido en su principal prioridad legislativa, tras meses de estancamiento en el Capitolio.
"Se ha acabado el momento de las rencillas, se ha acabado el momento del politiqueo. Ha llegado el momento de actuar", consideró Obama, que apuntó no sólo al imperativo moral de reformar un sistema que excluye de la cobertura sanitaria a 47 millones de ciudadanos sino a la necesidad económica pues, según recordó, la sanidad en EEUU gasta 1,5 veces más por persona que cualquier otro país.
En un país en el que la cobertura sanitaria se adquiere mediante seguros privados en la mayoría de los casos, quienes ya reciben esas prestaciones tendrán más seguridad porque las empresas no podrán rechazar a pacientes que cuenten con problemas médicos pre-existentes. También se creará una Bolsa de seguros médicos en un plazo de cuatro años que permitirá, según consideró el presidente norteamericano, recortar los costes de la cobertura.