A.MAGRO. PALMA
."El 1 de septiembre es un día de dolor y recuerdo de la culpabilidad de Alemania". La frase es de Angela Merkel, la mujer que Gobierna Alemania 70 años después de que los nazis de Hitler desencadenasen la peor pesadilla de la historia: la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que borró de la faz de la tierra 60 millones de vidas en apenas cinco años. El horror comenzó en Polonia el 1 de septiembre de 1939. Desoyendo las amenazas y advertencias de la comunidad internacional, Hitler ponía la bota nazi sobre tierras polacas. Un ataque de un buque alemán contra un depósito de municiones polaco fue la primera acción de una guerra que acabó en 1945 con un último episodio aún más terrorífico: las bombas nucleares americanas sobre Hiroshima y Nagasaki.
Por el camino, seis años de sangre y vileza humana. A los cinco días del primer ataque, la aviación alemana entró en combate, mientras la presión internacional crecía. William L. Shirer, un corresponsal estadounidense en Berlín en la época de la invasión alemana de Polonia, describía así los acontecimientos: "Hitler atacó a Polonia esta madrugada. Se trata de un acto de agresión flagrante, inexcusable, no provocado. ¡Pero Hitler y el alto mando alemán lo llaman contraataque!". Shrirer resaltó que el clima que reinaba en Alemania no era el de excitación que había sucedido al estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. "Hoy no hay excitación, no hay hurras ni júbilo ni flores por el aire ni fiebre de guerra ni histeria de guerra", constataba el periodista americano. Aunque su vehemencia no lograba mucho eco en Estados Unidos: el país que acabó decidiendo la guerra se mostró tibio con Hitler en un inicio. Muy tibio. Lo denuncia el historiador alemán Rolf-Dieter Müller, director científico de la investigación de la Oficina de Historia Militar de Postdam, que sostiene que una amenaza clara por parte de Estados Unidos no habría disuadido a Hitler, pero habría decidido al Ejército a atentar contra él o deponerlo.
La indiferencia americana acabó en Pearl Harbour, donde se produjo un vuelco en forma de primer hito histórico globalizador: un ataque japonés contra la principal base americana en el Pacífico acabó con Hitler y su Alemania nazi. Estados Unidos entraba en guerra y decantaba la balanza. "La cúpula del Ejército alemán era muy consciente que Alemania perdió la Primera Guerra Mundial ante todo por la implicación de Estados Unidos", explica Müller.
Hasta que EEUU puso su maquinaria en marcha en diciembre de 1941, a Alemania no le iban mal las cosas. En junio de 1940, nueve meses después del fatídico 1 de septiembre de 1939, Alemania ya había conquistado Polonia, Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Bélgica, Noruega y Francia, dejando al Reino Unido como único bastión contra las fuerzas nazis. Ese mismo mes, el Ejército alemán lanzó la Operación Barbarossa para invadir la Unión Soviética: Hitler cavaba su tumba mientras Japón acababa de sepultarle con su ataque a Pearl Harbour. Cuatro años y sesenta millones de vidas después, en Hiroshima nacía un mundo atómico gestado hace 70 años: fue un 1 de septiembre en Polonia.