LARS NICOLAYSEN
Los japoneses se atreven a iniciar una nueva fase política. Por primera vez en más de medio siglo el pueblo dio la espalda en las urnas al Partido Democrático Liberal (PDL), la formación que llevó la estabilidad y el bienestar al país tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, pero que en los últimos años cansó a los ciudadanos con una política del amiguismo, los escándalos y la desidia. La inseguridad económica, los índices récord de desempleo y los ingresos decrecientes colmaron la paciencia de los japoneses, que en su hartazgo se atrevieron a elegir un gobierno que carece por completo de experencia en la gestión de una nación. Para Japón es casi como si se tratase de una revolución.
Ahora las esperanzas recaen en el Partido Democrático de Japón (PDJ) y su presidente, Yukio Hatoyama. ¿Podrán el futuro primer ministro y su partido sacar al país de la crisis económica y social en la que se encuentra? Los críticos reprochan al PDJ promesas electorales populistas y afirman que durante esta votación lo que realmente se ha hecho ha sido castigar al partido gobernante. Aseguran que el cambio no se debe al encanto que pueda tener Hatoyama, sino a la frustración por las actuales circunstancias. La que fuera la economía a imitar en el mundo afronta hoy problemas enormes. La economía apenas crece y la población ni tan siquiera eso. Rica, envejecida y repleta de incertidumbres, Japón se enfrenta a la cuestión de si podrá mantener sus elevados estándares de vida o si es inevitable la fractura social en ganadores y perdedores.
Para algunos intelectuales, la actual situacion se puede comparar con la restauración Meiji en el siglo XIX y el fin de la Segunda Guerra Mundial. En ambas ocasiones Japón consiguió, tras un enorme vuelco, volver a levantar cabeza en medio de la crisis. El PDJ tendrá que demostrar en primer lugar que es capaz de llevar ese objetivo adelante.
Los politólogos apuntan además un posible cambio de rumbo en la política exterior, ya que Hatoyama quiere que la política de seguridad de Japón sea menos dependiente de Estados Unidos. Ese lazo fuerte ha lastrado una cooperación más estrecha con otros socios como Europa. Sin embargo, la cuestión de la alianza con EEUU podría convertirse para el PDJ en una prueba de fuego, pues, según los analistas, no está del todo claro que Hatoyama pueda mantener unidos a todos su socios