Los candidatos. Dos hijos de las élites con soluciones distintas
DPA. TOKIO.
Taro Aso está en medio de una encrucijada. El resultado de hoy definirán si el primer ministro nipón pasa a la historia como el líder que sacó Japón de la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial o como el responsable de una derrota histórica. La decisión queda en manos de los desilusionados votantes, que según todas las encuestas convertirán a Aso en el gran perdedor.
Como muchos políticos nipones –entre ellos su rival de hoy–, el primer ministro, de 68 años, proviene de una acaudalada dinastía de políticos. Su abuelo fue primer ministro y, tras acabar la Segunda Guerra Mundial, firmó el tratado de paz de San Francisco. Además, la esposa de Aso es hija del ex jefe del gobierno Zenko Suzuki, y su hermana menor está casada con un primo del emperador. Puede que sus orígenes de alto rango hayan sido determinantes en su aspecto de seguro de sí mismo, su cuidada imagen conservadora y su marcada voz. El político, que representó a Japón en los Juegos de 1976 en tiro, no logró pese a esos dones consolidar un liderazgo firme. Aso nunca se disculpó por que la fortuna de su familia proceda, en parte, de la explotación de trabajadores forzados coreanos durante la Segunda Guerra Mundial. También protagonizó diversos incidentes por su estilo espontáneo, como cuando dijo que el alto nivel educativo de Taiwan era fruto del dominio colonial japonés.
Conocido por su pasión por el manga, que le llevó incluso a escribir un bestseller, Aso es también el primer jefe de gobierno católico en un país profundamente sintoísta y budista. Conocido también como el "halcón", el líder del PDL vive hoy su jornada decisiva: la que puede llevar al halcón del cielo a la tierra.