Una cita histórica. El Partido Demócrata Liberal se prepara para perder el poder por primera vez
LARS NIKOLAYSEN. BERLÍN
Yoshiaki Fukuzaki dirige su mirada, serio, sobre las decenas de arrozales anegados que forman terrazas en las laderas de las montañas. "Cada vez va a ser más difícil mantener los escalonados campos de arroz", dice este empleado municipal de Tookamachi, una localidad de 62.000 almas distribuidas en urbanizaciones en la provincia de Niigata. Los arrozales son el sustento de la gente, pero faltan aprendices. A los pocos niños que nacen se les envía al colegio a las grandes ciudades. "En muchas áreas más de la mitad de la población supera los 65 años", se lamenta Fukuzaki. Nadie sabe cómo detener el envejecimiento de la población. "El futuro de nuestra ciudad pinta muy complicado".
Lo mismo sucede en muchos lugares del país. Quien viaja por Japón siente la inseguridad de sus gentes, que se preguntan cada vez más si se podrá mantener el elevado nivel de vida de los actuales pensionistas o si será inevitable el resquebrajamiento social entre ganadores y perdedores. El sistema de pensiones exprime sus últimas gotas, uno de cada tres trabajos es temporal y la tasa de desempleo se acerca a cifras récord. Anualmente se suicidan más de 30.000 personas.
Ante esta situación, cada vez menos japoneses confían en que el Partido Democrático Liberal (LDP), que gobierna desde hace más de 50 años, pueda combatir los problemas. Durante décadas, el partido ha basado su poder en los agricultores y trabajadores de la industria, mientras que la burocracia dicta y aplica el verdadero orden del día y la política económica. Pero este sistema, en el que las élites del LDP se ganaron un profundo respeto como "profesionales del poder", es cada vez más impagable y la deuda pública se ha duplicado en los últimos años. Una situación que parece haber hecho mella también en los votantes: por primera vez, el opositor Partido Democrático de Japón (DPJ) podría desbancar al LDP. Pocos días antes de las decisivas elecciones, el DPJ lidera las encuestas. Y esto podría significar una nueva era política en Japón: aunque el DPJ no posea experiencia en el gobierno, "probablemente no necesite tener demasiado éxito para gobernar mejor que el LDP", afirma Axel Klein, del Instituto para Estudios Japoneses.
Mientras el LDP da preferencia al bienestar empresarial, el DPJ se pone del lado de los ciudadanos. Y eso es nuevo en Japón. Así, el líder del DPJ, Yukio Hatoyama, juega con la idea del cambio que ya utilizó Obama. Promete elevar las subvenciones mensuales para los niños y eliminar las tasas a la educación superior y las autopistas. Los agricultores recibirán un sueldo mínimo, se aligerarán cargas fiscales a pequeños empresarios y se introducirá la pensión mínima. Por todo ello, Japón cree, como Obama, que se puede.