Peregrinación. 200 españoles llegan al Vaticano en carretas tiradas por bestias
IVÁN FOMBELLA. CIUDAD DEL VATICANO.
Arrieros son, unos 200, y como reza el refrán, se han "encontrado" en el Camino de San Francisco, que va de la ciudad italiana de Asís a Roma, adonde han llegado en carretas tiradas por burros hasta adentrase en El Vaticano al son del pasodoble Y Viva España.
Se trata de una peregrinación organizada por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago-Vía de la Plata (ACASAN), de Fuenterroble de Salvatierra, en Salamanca, aunque está compuesta por personas de casi todas las autonomías españolas.
Las colonias más populosas son las de Castilla y León, y en concreto la salmantina, con casi 80 componentes, y la de Andalucía, con unos 60, pero todos han recorrido hermanados los más de 200 kilómetros que separan el santuario de Asís, de donde era natural San Francisco, y la plaza de San Pedro del Vaticano, en la que ayer concluyeron su peregrinar.
Nueve jornadas de viaje a imitación de los antiguos arrieros, en carros tirados por burros por los caminos de montaña del centro de la península italiana, y ataviados con ropajes tradicionales.
El coordinador del proyecto Campamento Arriero, Blas Rodríguez, manifestó que se ha tratado de una experiencia "dura" pero gratificante y "muy bonita, sobre todo por la hospitalidad" que los peregrinos han ido encontrando en los pueblos y las ciudades italianas.
Según Rodríguez, cuando en los pueblos veían llegar a los españoles, sobre los carros o tirando de los animales, y en muchas ocasiones cantando canciones tradicionales, era "como un regalo, como una fiesta" para sus habitantes.
En aquellas localidades en las que hacían fonda, los "arrieros" se dirigían "derechos a la iglesia" del lugar, y en ese momento era donde "estaba presente el tema de la fe", ya que Rodríguez afirma que el pueblo les acogía con gran alegría y en muchas ocasiones italianos y españoles cenaban juntos.
Dormían apenas dos o tres horas por noche, "de las tres de la mañana a las cinco", cuando se levantaban para volver a poner a punto los carros y retomar el camino por senderos y veredas.
La idea del Campamento Arriero surgió por la hermandad, desde antiguo, entre arrieros y peregrinos, que se ayudaban mutuamente en el camino, y en ella han participado niños y jóvenes, que han podido participar en talleres de ecología, guarnicionería (trabajo el cuero), cocina o música, entre otros.