Guerra en el Cáucaso. Primer aniversario del conflicto
HELEN MAGUIRE. TBILISI.
Desde la guerra del año pasado con Rusia por las provincias separatistas de Abjazia y Osetia del Sur, es probable que el presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, se haya sentido en ocasiones como un hombre sitiado.
La situación permanece tensa a lo largo de las fronteras administrativas con Osetia del Sur y Abjazia, mientras que en el frente local Saakashvili tuvo que enfrentar un bloqueo del Parlamento de tres meses de duración, sumado a reiterados pedidos por su renuncia.
Rusia y Georgia lanzaron ofensivas internacionales de relaciones públicas desde la guerra de cinco días que tuvo lugar a principios de agosto de 2008. Las dos partes se culpan mutuamente por el conflicto que costó varios cientos en vidas y desplazó a miles de personas en las áreas de la disputa.
Un tratado de paz de seis puntos, negociado bajo la presidencia francesa de la Unión Europea, aprobó oficialmente una misión de la UE para controlar las actividades a ambos lados de las líneas de frontera administrativas que delimitan a los territorios disidentes.
Imposibilitados de cumplir con este mandato en Osetia del Sur y Abjazia, los monitores de la UE dependen de la información de la policía de Georgia y de puntos de control del ejército, además de las impresiones de segunda mano que logran obtener de los civiles que cruzan la frontera.
"Ambas partes temen la reanudación del conflicto", dijo el jefe de la misión de la UE, Hansjoerg Haber, y también el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, expresó ayer en conversación telefónica al líder georgiano, Mijaíl Saakashvili, su preocupación por la escalada de tensión en la frontera entre Georgia y la región separatista de Osetia del Sur.