IRÁN. toma de posesión del presidente tras las polémicas elecciones del pasado 12 de junio
AGENCIAS. TEHERÁN.
Mahmud Ahmadineyad juró ayer como presidente de Irán para un segundo mandato, rodeado de fuertes medidas de seguridad y acompañado de protestas en los alrededores del Parlamento, donde tuvo lugar la ceremonia.
Según testigos, en la plaza de Baharestan, donde se ubica el edificio, hubo protestas esporádicas con manifestantes que gritaban "muerte al dictador" y acusaban al presidente de fraude, hasta que fueron dispersados con gases por la policía.
Casi ocho semanas después de los comicios, para la ceremonia de ayer se realizó un gran despliegue en los alrededores del Parlamento de cientos de policías y de milicianos basiyis, leales al gobierno.
En vista de las circunstancias que han acompañado esta polémica reelección, son varios los líderes de países europeos que renunciaron a enviar a Ahmadineyad la tradicional felicitación. Según el ministerio de Asuntos Exteriores sueco, el embajador de Suecia en Teherán, Magnus Wernstedt, cuyo país está al frente de la presidencia rotativa de la Unión Europea, asistió a la ceremonia. También se pudo ver, según un portavoz, a los representantes de otros grandes países de la UE como España, Francia y Reino Unido, si bien este último punto resulta controvertido.
La ceremonia de investidura fue boicoteada también por los ex presidentes Jatamí y Rafsanyani, quienes expresaron inequívocamente su apoyo a Musavi. Aparte, según la agencia estatal de noticias IRNA, la mayoría de los 70 parlamentarios reformistas se negaron a asistir al acto. Tanto Musavi como el clérigo reformista –y también candidato presidencial– Mehdi Karubi declararon que el próximo gobierno será ilegítimo.
Con ello, los dirigentes opositores desafiaron al verdadero jefe del Estado iraní, el ayatolá Alí Jamenei, quien apoyó reiteradamente a Ahmadineyad, a quien califica de "valiente, gran trabajador y prudente".
En su intervención tras jurar el cargo, Ahmadineyad dijo que la alta participación en los comicios fue un reconocimiento de la revolución islámica de 1979 y el "curso político de los últimos cuatro años", ignorando las protestas por el presunto fraude en las elecciones del 12 de junio.
Las acusaciones de fraude de la oposición generaron una ola de protestas con más de 20 muertos. Más de mil manifestantes fueron detenidos, de los que más de 100 siguen en la cárcel.
"No es importante quién votó a quién, ahora es importante mantener el sentimiento nacional y dar, tomados de la mano, un gran paso hacia nuevos horizontes y grandes desafíos", señaló en su discurso.
El político se refirió además a los países occidentales que hasta ahora se han negado a felicitarlo por su reelección. "Nadie en Irán espera sus felicitaciones", dijo. "Ni nos preocupan sus acercamientos gruñones ni sus sonrisas y felicitaciones", abundó el presidente, que tiene ahora dos semanas para presentar ante el Parlamento a su nuevo gabinete para su aprobación.
Añadió además que en su segundo mandato el país actuará de forma más decisiva contra Occidente y que no cederá ante la presión. El presidente afirmó que Irán limitará sus negociaciones con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y no dialogará más con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania sobre su controvertido programa nuclear.
"Nos alzaremos contra la arrogancia del mundo y trataremos de tener un papel efectivo para cambiar el orden mundial y eliminar la opresión global, la ocupación y discriminación", afirmó Ahmadineyad.
Por primera vez desde las elecciones del 12 de junio, la prensa extranjera fue invitada por el gobierno a cubrir la ceremonia y ser testigo, aunque de forma indirecta, de las protestas fuera del Parlamento.