La región autónoma china de Xinjiang es desde hace décadas una zona de tensión étnica entre la población musulmana autóctona –principalmente uigur– y la china Han, que domina el gobierno regional y que realiza una política de colonización. El conflicto, que acaba de vivir uno de sus episodios más trágicos, es similar al que en el vecino Tíbet (al sur de Xinjiang) se vive entre la comunidad china y la tibetana. Sin embargo, la ausencia de una figura de renombre tan internacional como el Dalai Lama, entre otros factores, ha dado a los independentistas uigures –exiliados en países como Turquía, EEUU o Alemania– un menor reconocimiento internacional.
Xinjiang, territorio que los independentistas denominan ´Turquestán Oriental´ , es la más grande de las subdivisiones administrativas chinas, con 1,6 millones de kilómetros cuadrados. Tiene 19 millones de habitantes, de los que aproximadamente el 46% son uigures, el 39% son han (chinos propiamente dichos) y el resto pertenecen a otras etnias predominantemente musulmanas, como los kazajos, los kirguises o los hui. Los uigures están emparentados con otros pueblos de Asia Central y con los turcos, con los que comparte similitudes lingüísticas, culturales y religiosas, además del dominio del credo musulmán.