Silvio Berlusconi. Primer ministro italiano
EFE. ROMA.
Patrizia D´Addario, la mujer que asegura haber cobrado por acudir a una fiesta del primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, dice que la celebración, en la que participaron el político y 20 chicas, era "un harén" en el que existía "un sólo jeque, él", según una entrevista publicada ayer en el diario La Repubblica.
Mientras, unos desconocidos incendiaron ayer el coche de Barbara Montereale, una de las jóvenes que aseguran haber participado en las fiestas de Berlusconi. El coche de la joven fue rociado con gasolina e incendiado.
Ajeno a los hechos, ´Il Cavaliere´ no aprende modales y ayer ofreció una nueva ´perla´ a unos obreros de la ciudad de L´Aquila: "Chicos, si todo va bien pienso que de verdad os traigo a las bailarinas, a las menores, porque de otro modo nos tomarán por homosexuales", dijo a un grupo de operarios der la ciudad que fue epicentro del terremoto que el pasado 6 de abril sacudió la zona y dejó 299 muertos. Uno de los responsables de la obra le respondió: "¡Y nosotros nos las llevaremos a casa!".
El culebrón del primer ministro parece cobrar intensidad cada día. D´Addario, quien afirma que cobró 1.000 euros por acudir a esa fiesta aunque no ingresó ningún dinero por pasar otra noche en casa de Berlusconi, describe un encuentro en el que veinte chicas jóvenes compartieron una velada con el político, en la que cenaron pasta, embutidos y tarta de yogur, y vieron un vídeo sobre los encuentros del primer ministro con otros líderes mundiales. Después de la cena, que se interrumpía "continuamente con cantos y bailes", Berlusconi y D´Addario bailaron "muy juntos" la canción My Way, interpretada por un pianista. Según la entrevistada, Berlusconi se dirigía a ella cuando dijo en medio de la cena: "Conozco a una chica que ya no cree en los hombres. La haré volver a creer. La iré a buscar con mi jet privado". En cuanto a la otra noche que pasó en la residencia romana de Berlusconi, asegura que no se quedó en el comedor, ya que fue "una cosa más íntima". Una velada, cuenta, en la que el político la acarició "explícitamente" mientras estaba sentado en el diván, pero ella no cobró porque recibió la promesa de ayuda en un proyecto de construcción de su familia.