EFE. ROMA.
El presidente de la República de Italia, Giorgio Napolitano, criticó ayer a la "retórica pública que no duda en incorporar acentos de intolerancia o xenofobia", el mismo día que la Cámara de los Diputados diera el visto bueno para que la inmigración clandestina sea delito.
"Aquí el riesgo de que estas diferencias (étnicas, religiosas y culturales) se traduzcan en un factor de exclusión está siempre presente, y agravado por la difusión de una retórica pública que no duda, también en Italia, en incorporar acentos de intolerancia o xenofobia", afirmó.
El jefe de Estado subrayó la necesidad de iniciar "un nuevo ciclo de desarrollo" que no dañe "los niveles de equidad y cohesión social alcanzados".
Napolitano aseguró que para hacer frente a los "desafíos que provienen de la pobreza vieja y la nueva" no se puede responder únicamente con "la mera conservación y la defensa de los intereses nacionales".
Por su parte, el ministro de Interior, Roberto Maroni, contestó a las críticas asegurando que se trata de "prejuicios infundados".
Maroni recordó que Italia está "en primera línea de la lucha contra la inmigración clandestina" y que invierte sus recursos para proteger "también a otros países europeos", por lo que mostró su deseo de que la UE tome decisiones que ayuden a "los países más expuestos en este frente".
De hecho, la cuestión del racismo no sólo preocupa al presidente de la República y a la oposición, sino también a algunos miembros del Gobierno de centro derecha, como el ´número dos´ del Pueblo de la Libertad (el partido de Berlusconi) y presidente de la Cámara de los Diputados, Gianfranco Fini, que pidió "evitar excesos propagandistas" con el tema de la inmigración.