MARGOT WALLSTRÖM*
El 9 de mayo es el día de Europa y, admitámoslo, la mayoría de la gente tiene otros acontecimientos más importantes de los que acordarse hoy. Por ejemplo, según un calendario, es el cumpleaños del cantante estadounidense Billy Joel. También, nada menos que el Canal Historia nos dice que, el 9 de mayo de 1998, la cantante transexual Dana International ganó el concurso de Eurovisión por Israel con la canción Diva.
No obstante, la Wikipedia sí que señala que el 9 de mayo de 1950 un ministro francés anunció a la prensa un plan para gestionar entre Alemania y Francia la producción de carbón y acero. A quienes les apasiona la gestión de los minerales y la industria (ellos saben quiénes son), fue un hecho muy importante, pero para el resto de nosotros… bueno, el carbón y el acero no es lo que más nos interesa. Quiero decir ¿a quién le importa?
El ministro se llamaba Robert Schuman, que había visto Europa destruida por la guerra y se dijo que tenía que haber una manera mejor de hacer las cosas. Pero ¿cómo? Se podría intentar prohibir las armas, pero eso no suele dar resultado. Los ganadores no quieren darlas y los perdedores a menudo están resentidos por no tenerlas. En vez de esto, Schuman pensó que, aunque los líderes europeos no podían controlar quién tenía armas, sí podían controlar con qué se hacen las armas: el acero. Y ¿qué se necesita para producir acero? Carbón. Compartir la producción haría imposible las guerras entre Francia y Alemania, según Schuman.
Fue un plan visionario que inició el proceso que ha creado la Unión Europea actual. Y ¿saben ustedes? Parece que ha funcionado. La UE tiene ahora 27 Estados miembros. Dos generaciones de europeos han crecido sin saber lo que es la guerra en su país (y eso en un continente en el que se han desarrollado dos guerras mundiales y muchas otras con el correr de los siglos). Echo un vistazo por Europa hoy y me pregunto qué pasó con todos aquellos gobiernos autoritarios del pasado. ¿Dónde están los dictadores, los comunistas y los coroneles? Se marcharon, esperemos que para siempre.
"¿Y qué?" muchos dicen. Ven una bandera azul con 12 estrellas. ¿Despierta pasiones? Tal vez en una pequeña minoría. Algunos la ven como algo bueno y una pequeña minoría la odia, pero para la mayoría es un símbolo que no les dice nada. La UE es un poco como el aislamiento de su casa: es útil y bueno saber que está ahí, pero la mayoría de las personas no piensan en ello ni se preocupan de él constantemente. Sin embargo, tal vez éste sea su gran éxito.
La UE no despierta pasiones. Si se intentase vender la UE como si fuera un afrodisíaco, tendría el mismo éxito que un bonito par de calcetines. Como mucho, la bandera de la UE destaca más por razones aburridas que por pasión, por hacer cosas aburridas como establecer niveles aceptables de sustancias químicas en los arenques o discutir sobre la garantía transfronteriza de los iPod.
Sin embargo, la UE hace cosas muy importantes para nosotros, como reducir el coste de utilizar los teléfonos móviles en el extranjero, como permitir que los estudiantes estudien un año en otro país, como crear muchísimos empleos mediante el mercado único, como preparar el camino para tener billetes de avión más baratos abriendo los cielos europeos a la competencia, o como asegurarse de que nuestras playas estén limpias.
El día de Europa es una cosa tan lejana que ni siquiera hay tarjetas para felicitar el día y eso que las hay para todas las ocasiones, desde los cumpleaños a cuando el gato se acatarra.
Así que esta es mi tarjeta de felicitación del día de Europa. No hace falta agitar una bandera. Pero cuando uno piensa en el trabajo diario, positivo y útil que los países europeos hacen juntos, tal vez sea una buena idea recordar aquel día de 1950 en el que un hombre, viendo el continente que había sido el mayor campo de batalla del mundo sólo cinco años antes, dijo que quizá él tuviera una manera de asegurarse de que esto no vuelva a ocurrir nunca más.
(*) Margot Wallström es Vicepresidenta de la Comisión Europea.