SILVIA AYUSO. PUERTO ESPAÑA
El efecto Obama no parece conocer fronteras. Después de Europa y parte del mundo árabe, le tocó el turno a América Latina, que, durante la Cumbre de las Américas que este fin de semana reunió en Trinidad y Tobago a los líderes del hemisferio, se rindió casi sin condiciones a los encantos -acompañados de palabras y acertados gestos- del nuevo presidente de Estados Unidos.
Barack Obama ya era el
"man", el "hombre" declarado, del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. Pero lo que muy pocos se atrevían a pronosticar es que en Puerto España pudiera acabar siendo además el "friend" del venezolano Hugo Chávez. O que incluso el boliviano Evo Morales concediera que el norteamericano "va por el buen camino".
Mas los que dudaban olvidaron quizás las armas que hasta ahora se han demostrado casi infalibles para Obama: su amplia y contagiosa sonrisa, que no lo abandonó -al menos ante las cámaras- desde que la tarde del viernes bajara las escalerillas de su avión presidencial, unida a sencillos gestos y unas envolventes diplomacia y oratoria. Obama logró en pocas horas lo que muy pocos habrían vaticinado apenas hace unos meses: arrancar el aplauso unánime de Latinoamérica y un margen de confianza al hasta ahora desdeñoso y desdeñado Washington.
Autógrafos a presidentes
Entre sesión y sesión de las intensas reuniones, muchos mandatarios latinoamericanos confesaban casi alborotados su regocijo por haberse podido fotografiar con su par norteamericano o incluso haber recibido "un papel" firmado de su propio puño y letra, como el presidente colombiano, Álvaro Uribe.
Con otros, como en el caso de Chávez, fue el propio Obama el que tomó la iniciativa y, nada más comenzar la cumbre, se acercó a estrecharle la mano con la que hasta pocas horas antes lanzaba gestos amenazadores que ponían en entredicho el éxito de la cumbre. "I want to be your friend", quiero ser tu amigo, acabó diciéndole Chávez a Obama, a quien además regaló un libro, la "biblia" de la izquierda latinoamericana de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina, con dedicatoria y todo.
La estrategia de los gestos estuvo además acompañada de un claro discurso en el que Obama propuso a sus pares un nuevo comienzo "de iguales", donde no haya "socios mayores y menores", con el que el norteamericano consiguió un aplauso generalizado. Pero pese a las sonrisas y buenos augurios, pocos se engañan acerca del hecho de que el camino es largo y que la confianza es algo que no sólo hay que restaurar, sino también mantener.