CUMBRE DE LAS AMÉRICAS. el presidente de EEUU impulsa un nuevo clima de diálogo entre países
G.RUÍZ TOVAR. PUERTO ESPAÑA.
Hugo Chávez llegó a Puerto España con el ceño fruncido y el aparente ánimo de enfrentarse a Barack Obama en la Cumbre de las Américas. Poco después, sin embargo, se mostraba sonriente y haciéndole regalos a quien supuestamente iba a ser su contrincante en el gran duelo de la reunión. Agasajaba así al líder de EEUU con un libro que Obama aceptó cortés tras creerlo escrito por Chávez, que devolvió la alegría con elocuencia: "Quiero ser tu amigo", le espetó el venezolano al estadounidense, rompiendo el hielo para empezar a hablar del tema central de la cumbre: Cuba, su ausencia de la cita y su futuro. Obama y Chávez coincidieron en que hay salida al bloqueo cubano: es poco, pero bastó para devolverle la sonrisa al continente.
Los ánimos se apaciguaron y lo que se vislumbraba como una gran tormenta se convirtió en un vientecillo. Cierto que Venezuela se mantiene en la posición rebelde frente a la Declaración de Puerto España -así se llama el documento final de la cumbre-, que se niega a firmar, pero la posición de Chávez ante el presidente estadounidense mejoró evidentemente. "No tengo la menor duda de que habrá, en adelante, un mayor acercamiento", aseguró Chávez, quien incluso planteó la posibilidad de reenviar un embajador a Washington, lo que normalizaría formalmente las relaciones, muy dañadas durante la gestión de George W. Bush.
Obama con sus gestos y actitud desarmó a Chávez. La noche del viernes, cuando los dos estuvieron frente a frente por primera vez, el mandatario norteamericano le dio de inmediato un apretón de manos. Por eso un cambiado Chávez llegó ayer sábado sonriente a la segunda cita y le regaló a su colega, con dedicatoria incluida, el libro Las venas abiertas de América Latina, del uruguayo Eduardo Galeano, una obra clave para entender el desarrollo latinoamericano. Y ya habló de posibles reuniones de trabajo entre los equipos de gobierno.
El escenario era impensable 24 horas antes, cuando Chávez, en la ciudad venezolana de Cumaná, a apenas unos kilómetros de Puerto España, se reunía con sus aliados de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) para definir una estrategia de colisión con la Cumbre, lo que implicaba chocar también con su estrella máxima, Obama. Por ello los diarios americanos presentaban el viernes a la Cumbre como un "Obama vs Chávez", con Cuba como cuadrilátero.
Las bromas de Chávez
Pero Obama demostró saber lo suyo. Si bien su estrategia de derogar algunas medidas contra Cuba antes de la Cumbre no tuvo para él los resultados esperados, pues lo que La Habana y la totalidad de los países latinomericanos desean es el fin del embargo, el flamante mandatario estadounidense jugó bien sus cartas en Puerto España. Se mostró conciliador, tuvo gestos amistosos y trató de mostrarse como uno más, lejos de la arrogancia de Bush. Ofreció una nueva era en las relaciones, dijo que no debe haber socios mayores y menores y reconoció errores cometidos por su país, aunque pidió a cambio que se culpe a Estados Unidos de los males de América Latina.
Evo Morales, otro de los díscolos para Washington, resumió en una frase su posición: "Si Obama cumple su palabra, va por un buen camino". Aunque la distensión no necesariamente se mantendrá después la Cumbre. Pero, por lo pronto, Barack Obama "descolocó" a algunos potenciales rivales, que tal vez comprendieron que no estaba bien responder con agresividad a esa apertura. Así, el líder de Estados Unidos quizás logre hoy, más allá de la negativa de Venezuela y algunos aliados a firmar la Declaración, que la Cumbre de Puerto Príncipe, la primera suya, no pase a la historia como un capítulo más de tensión americana. Parece dispuesto a ayudarle Chávez, al que nadie niega el sentido del humor (a veces histriónico): "Voy a decir una travesura: hagamos la próxima Cumbre de las Américas en La Habana (Cuba)", propuso a todos los líderes, que dejaron fluir las carcajadas que pueden devolver la sonrisa al continente americano.