el presidente llega hoy a londres para participar en las cumbres del g-20, otan, ue y turquía
CHRIS CERMAK. WASHINGTON.
En su primer viaje trasatlántico como presidente de Estados Unidos, Barack Obama seguramente deseará que los líderes extranjeros muestren más paciencia y comprensión por sus medidas económicas que las que él ha recibido en su país.
Obama acude a la cumbre del 2 de abril en la capital británica con un largo pliego de demandas: que los gobiernos europeos adopten paquetes de estímulo equivalentes a al menos el 2% de su PIB; que se tripliquen los recursos del FMI hasta los 750.000 millones de dólares para ayudar a las economías en desarrollo, así como que se establezca un nuevo mecanismo de financiación que reavive el comercio global, que podría registrar este año el índice de caída más rápido en 80 años.
Ahora los otros líderes del G20 esperan que Obama haga más por resolver la crisis que ha originado el mercado hipotecario estadounidense, donde una combinación de arriesgadas inversiones y sobrecalentameinto de los precios de la vivienda casi llevan al colapso al sistema financiero global.
Los líderes europeos, por su parte, están presionando a Estados Unidos para que aplique una serie de amplias reformas reguladoras para mantener una mejor vigilancia sobre instituciones financieras y los instrumentos que han conducido a la economía global a su primera contracción desde la Segunda Guerra Mundial.
El gobierno de Obama ha diseñado una serie de costosas iniciativas para la cumbre, en un intento para reavivar la economía estadounidense y mantener a flote el sistema bancario, incluido un paquete de estímulo económico de 787.000 millones de dólares y un par de trillones de dólares en programas de préstamos en cooperación con la Reserva Federal.
Pero la oposición dentro del país ha ralentizado su puesta en marcha y los economistas temen que la ira en la opinión pública por las bonificaciones a los directivos y los casos de corrupción como el de Bernard Madoff, que supuso un fraude de 50.000 millones de dólares, puedan hacer peligrar la capacidad de Estados Unidos para controlar la crisis financiera.