Cuando los primeros estadounidenses cruzaron la frontera con Irak el 20 de marzo de 2003, los iraquíes aún no sabían cuánto terror y miseria los esperaban en los próximos años. En meses su patria se convirtió en un imán para los terroristas de Al Qaida. Se crearon milicias chiítas que asesinaron a sunitas, kurdos y cristianos. Desplazaron a los miembros de otros grupos religiosos de sus casas y se enriquecieron a su costa. Solo ahora, seis años después los iraquíes vuelven a tener esperanzas. En febrero, el 85% de los encuestados dijeron que la situación de seguridad en su barrio es buena. El suministro de electricidad y combustible ya no es tan malo como hace un año. Además, las elecciones de enero pasado, que transcurrieron casi pacíficamente , demostraron que cada vez más iraquíes están dispuestos a sumarse al proceso democrático en vez de colocar explosivos en los caminos. El catalizador del cambio es, según los observadores independientes, el anuncio de Obama de reducir el número de soldados. Cuanto más se acerca la fecha de retirada, más dispuestos están los partidos de gobierno chiítas y kurdos, a arreglárselas con sus rivales y enemigos.