seis años de la invasión. remite la violencia que siguió al final de sadam, pero aún hay riesgo de guerra civil
PEER MEINERT. WASHINGTON.
Profesionalmente, sin alegría ni fanfarria, el presidente norteamericano Barack Obama anunció recientemente el fin de una de las aventuras militares más devastadoras de su país. Hasta agosto del próximo año habrán salido de Irak todas las tropas de combate. Cuando comenzó la invasión del país árabe hace hoy seis años, Estados Unidos fue tomado por una ola de patriotismo. Ahora a millones de estadounidenses les queda un sabor amargo en la boca y sobre todo una pregunta: ¿Por qué? Obama asume la dirección de la retirada como una obligación necesaria y desagradable. A los familiares de los más de 4.000 estadounidenses muertos les entrega cálidas palabras, y a las tropas les agradece su misión.
La expresión del mandatario, que usualmente sonríe, esta vez no delata ningún sentimiento. Obama evita la palabra "victoria" tanto como "derrota"", aunque no deja dudas de que la misión tuvo un éxito más que limitado. "La situación en Irak no está asegurada hasta ahora, y aún hay tiempos difíciles por delante. La violencia seguirá siendo parte de la vida en Irak". Realmente no suena a éxito.
Qué distintas eras las imágenes cuando las tropas se fueron a la guerra. Oficialmente el gobierno del presidente George W. Bush atacó por las supuestas armas de destrucción masiva y los presuntos contactos de Bagdad con Al Qaida. Sin embargo, siempre se habló de "cambio de régimen", de derrocar al dictador Sadam Husein, de libertad y democracia para Irak. Un 73 por ciento de los norteamericanos apoyó entonces la guerra. Mucha gente aún estaba conmocionada por los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001.
"Sadam era el enemigo correcto", explicó luego el entonces subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz. "Prácticamente estábamos en guerra desde la invasión (iraquí) de Kuwait en 1990". Wolfowitz, el ex secretario Donald Rumsfeld y el ex vicepresidente Dick Cheney son considerados los autores intelectuales de la invasión. Aunque Wolfowitz tras el ataque admitió que no había pruebas reales sobre el vínculo de Al Qaida con Irak, aparentemente la guerra estaba programada desde mucho antes. Derrocar al régimen y extender la democracia era la misión de Bush y su gobierno.
"Con el fin de la Guerra Fría y la exitosa democratización de Europa del Este creció entre los republicanos un nuevo establishment de política exterior, que reemplazó a la escuela realista", señala Mark Lilla, profesor de la Universidad de Chicago sobre el impulso de entonces de Washington. De hecho los militares norteamericanos esparcieron la visión de asumir en Irak una "tarea educativa" similar a la realizada en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, una "fantasía deseada", según Lilla. Sólo el futuro mostrará si Irak se adapta a largo plazo a una estructura democrática.
"O conmigo, o contra mí"
Mucho han cambiado las cosas en EEUU en seis años. Entonces, la oposición y opiniones contrarias a la guerra eran difíciles. Ahora ya no tanto. "El país aún estaba bajo la impresión del 11 de septiembre", explica una norteamericana de 62 años en Washington mirando atrás. "Había un ambiente de intimidación y miedo". Mientras el mundo (España incluida) salía a la calle contra la guerra, Bush no disimulaba el mensaje: "Quien no está con nosotros, está en contra". Y con él estaba Aznar, pero no la opinión pública española, como descubrió más tarde el candidato Rajoy en las urnas.
El gobierno Bush también logró involucrar a los medios. Muchos "expertos militares", que en aquel entonces comentaban la guerra en los canales de televisión, habían sido previamente "preparados" por el gobierno y el Pentágono, como luego reveló el diario The New York Times. El propio The New York Times, buque insignia de los medios norteamericanos, terminó disculpándose con sus lectores. Admitió que muchas informaciones del gobierno fueron reemitidas sin revisión. "Hoy desearíamos haber cuestionado de forma mucho más activa las informaciones". Pero ya es tarde.