EFE. NUEVA DELHI/BOMBAY.
Los atentados en Bombay han llamado la atención del mundo hacia el terrorismo, no sólo de corte islámico, que la India padece desde hace décadas y que ayer golpeó de nuevo en Assam con tres muertos y 30 heridos por una bomba en un tren. El atentado se produjo esta vez en un tren de pasajeros parado en la estación de Diphu, a unos 300 kilómetros al este de la principal ciudad del estado nororiental de Assam, Guwahati, informó un portavoz policial citado por la agencia india IANS.
Una persona falleció en el acto, mientras que otras dos ciudadanos perdieron la vida en el hospital local, según explicaron las fuentes, que añadieron que "hay un gran número de mujeres y niños entre los heridos", seis de los cuales están en estado crítico. Aunque los atentados fueron reivindicados por el grupo integrista Fuerzas de Seguridad Islámicas, el Gobierno regional concluyó que eran obra de dos grupos separatistas: el Frente Nacional Democrático de Bodoland (NDFB), que lucha por la independencia para la tribu ´bodo´, y el Frente Unido para la Liberación de Assam (ULFA), que reivindica a base de bombas y ataques indiscrimanados la independencia de toda la región.
Cancelación de reservas
El efecto de la oleada de atentados en la economía del país es cada vez más evidentes. Ayer se supo que más del 15% de los turistas que tenían previsto visitar la India en los meses de diciembre y enero han cancelado sus viajes en los últimos días por "miedo" a nuevos ataques terroristas. El director de la Asociación de Agencias de Viajes de la India (IATO), Jour Kaljilal, explicó que un 10% de los extranjeros ya había anulado su visita "a causa de la crisis económica mundial", pero que tras los atentados de Bombay "alrededor de otro 15 %" ha hecho lo mismo. "La gente tiene miedo, esto es una psicosis. Después de ver los ataques por la televisión, los grupos de turistas que tenían que venir cancelaron sus viajes".