EFE
El programa de gobierno de Siniora fue aprobado por 100 de los 107 diputados presentes en la sesión de hoy. Dos legisladores se abstuvieron y otros cinco votaron en contra, según anunció el jefe del Parlamento, Nabih Berri.
"Debemos aceptarnos los unos a los otros y comprender las preocupaciones y temores de los otros", afirmó Siniora antes de la votación, en un llamamiento a la unidad en medio de un debate con múltiples desacuerdos.
Las diferencias entre los legisladores de la oposición y de la mayoría parlamentaria se centraron en el arsenal y el papel de la milicia armada de Hizbulá y la posibilidad de que pueda estar bajo el control del Estado.
La oposición, encabezada por Hizbulá, defendió el papel de sus milicianos en la lucha contra Israel, mientras la mayoría anti-siria insistió en que sus hombres armados deben estar bajo el control completo del Estado, lo que desató gritos e insultos.
Las discusiones fueron transmitidas en directo por las televisiones locales y durante los cinco días que duraron, 60 de los 127 diputados hicieron uso de la palabra.
"Las acusaciones de traición y blasfemia deben cesar", afirmó Siniora, quien invocó los acuerdos firmados en mayo pasado en Qatar entre la clase política libanesa y que pusieron fin a más de dos años de crisis política e institucional.
Siniora dijo que su principal tarea será la de "reanudar el trabajo, restablecer la confianza en las instituciones del Estado y también entre los libaneses a través del diálogo nacional".
La primera condición para el diálogo, agregó, es "poner fin a los insultos, la incitación y las acusaciones".
El jefe del Gobierno dijo que las fuerzas de la seguridad y las militares "deben garantizar y preservar la seguridad de los ciudadanos del Líbano", y prometió hacer todo lo posible para que el Gobierno de unidad nacional que preside sea un éxito.
"Las soluciones a algunos problemas serán rápidas, pero otras necesitarán de más tiempo y un diálogo profundo para resolverlos, pero tenemos fe en Dios que podremos lograrlo", agregó.
Siniora se puso al frente del Gobierno tras una crisis que en mayo pasado degeneró en un conflicto armado que causó 65 muertos y que casi llevó al país a una nueva guerra civil.
Su mandato será corto, porque una de sus misiones es organizar las próximas elecciones legislativas, programadas para la primavera de 2009 y que determinarán quién gobernará al país en los próximos seis años.
El primer ministro dijo que su intención es evitar que el Líbano se implique, "contra su voluntad", en las políticas que quieren imponer otros países de la región, pero también hizo un llamamiento a "mantener buenas relaciones con los estados hermanos".
Recordó que su gabinete está comprometido en obtener una ley electoral justa para que tenga lugar la elección de un nuevo Parlamento y para que se nombre un nuevo Ejecutivo.
"Las elecciones son un hecho y trabajaremos para garantizar que se realicen de modo democrático y libremente, lejos de la violencia, presión o cualquiera forma de terror", señaló.
Y prometió trabajar para resolver "los problemas de los libaneses que se han acumulado durante décadas".