MANUEL FUENTES. LIMA.
La vigorosa cobertura mediática de las cumbres presidenciales ofrece una tentadora oportunidad a los gobernantes para exhibir en público sus diferencias y, si hay suerte, escenificar sus reconciliaciones.
El hermetismo de las reuniones ´a puerta cerrada´ desata el apetito de los periodistas por noticias frescas e impactantes. Y eso fue lo que pasó en la ciudad mexicana de Monterrey cuando en marzo de 2002 el presidente de Cuba, Fidel Castro, abandonó repentinamente una conferencia de las Naciones Unidas. "Les ruego a todos me excusen que no pueda continuar acompañándolos debido a una situación especial creada por mi presencia en esta cumbre y me vea obligado a regresar de inmediato a mi país", anunció Castro. Los periodistas, atónitos, corrían de un lado para otro para saber qué había pasado.
¡Fidel, comes y te vas!
La respuesta llegó semanas después cuando se divulgó la conversación privada entre Castro y Vicente Fox, en la que el presidente mexicano negociaba las condiciones de la presencia del comandante para evitar que ´agrediera´ verbalmente a George W. Bush. La retranca popular bautizó aquel incidente con la descriptiva frase "¡Fidel, comes y te vas!".
Para aliviar la tensión, los mandatarios a veces recurren a curiosas estratagemas, como la del presidente de Colombia, Álvaro Uribe, quien antes de hablar con la prensa pidió a sus colaboradores que buscaran a Freddy Elhers, el secretario general de la Comunidad Andina, porque como conocedor del cambio climático podía "ayudarle a mantener la temperatura fría". En opinión del analista internacional Raúl Sohr, las medios cumplen una función determinante en las cumbres, "porque son eventos altamente protocolarios en los que las reacciones están fuera del libreto".