27 de mayo de 2016
27.05.2016
Business DMallorca
Análisis

'Startups'... ¿entrar en concurso?

27.05.2016 | 02:51

En una startup las tensiones de tesorería son constantes y el corto plazo es lo que impera. La deuda se solicita con alegría –a veces demasiada– pero cuando toca empezar a devolverla empiezan los sudores. La solvencia –o insolvencia, mejor dicho– es un problema que va más allá del negocio. Puede dar lugar a responsabilidad de los administradores. Por eso tanto los emprendedores como los inversores presentes en los consejos de administración deben estar atentos a cuándo se debe solicitar concurso.

Ante una situación de insolvencia la ley dice que es obligatorio presentar el concurso de acreedores. Pero es importante saber a qué se refiere la ley con "insolvencia". Un deudor está en estado de insolvencia básicamente en los siguientes casos: cuando no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles y/o cuando prevé que así va a ser, ya que la insolvencia puede ser actual o inminente; cuando hay un sobreseimiento general en el pago corriente de las obligaciones del deudor; cuando cae en un incumplimiento generalizado, durante al menos 3 meses, del pago de las obligaciones tributarias, de Seguridad Social o pago de salarios e indemnizaciones.

En este sentido existe el famoso ´5bis´. Es el artículo de la Ley Concursal donde se recoge la figura del pre-concurso de acreedores. El pre-concurso permite a la empresa avisar al juez de que ésta necesita refinanciarse para no caer en la insolvencia y ganar tiempo de ´inmunidad´. Es un tema puramente de responsabilidad legal, ya que permite 4 meses –3+1– en que no se incurre en responsabilidad si la empresa resulta insolvente y no se había solicitado concurso.

Es una forma también de alargar alargar el plazo de presentación del concurso. Una vez terminado el plazo de 3 meses, si se ha conseguido refinanciar la deuda, cerrar una ampliación de capital o cualquier medida que permita salir de la insolvencia, se puede seguir con el negocio sin necesidad de comunicárselo al juez. Por el contrario, si no se ha conseguido resolver el problema y se decide solicitar concurso voluntario, hay que comunicárselo al juez, ya que será este quien declare en concurso la empresa –o no– y designe a un administrador concursal.

El gasto con mayor peso en una startup suele ser sin duda la partida de sueldos y salarios. Si llega el tercer mes sin pagar nóminas, serán los empleados quienes tendrán legitimidad para solicitar concurso necesario. Por tanto, y con la intención de concretar y encontrar un criterio sencillo: si la empresa lleva 2 meses sin pagar al menos el 50% de los salarios de sus empleados, está en situación de insolvencia y debe pedir concurso o pre-concurso. Eso sí, en caso de pre-corcurso, solicitando al juez expresamente que no se publique, ya que si no se hace, el secretario judicial lo publicará automáticamente en el Registro Público Concursal, al cual puede acceder cualquiera online y gratuitamente, y puede perjudicar seriamente el negocio.

En la práctica, y sobre todo hablando de startups donde a veces se está negociando una ampliación de capital y apenas hay diez mil euros en la caja –que no permitirían pagar los sueldos del mes que viene como no se cierre la ampliación–, es evidente que existe esa situación de insolvencia inminente muchas veces. Pero, por eso, si una startup está a punto de cerrar una ampliación de capital que solucionaría la situación de insolvencia a corto plazo, es mejor esperar un poco. Además, si se solicita pre-concurso pero no termina en concurso, hay que esperar un año hasta poder solicitar pre-concurso de nuevo; es decir, si el emprendedor se vuelve a encontrar en situación de insolvencia actual o inminente unos meses después, ya no podría utilizar el mecanismo del pre-concurso y tendría que ir directamente a concurso, con lo que ello implica: es público, interviene un administrador concursal, etc.

En los casos en que haya dudas sobre si se debe solicitar o no pre-concurso pero se decida esperar, es bueno que los administradores dejen constancia en el acta del consejo de que se es consciente de la situación delicada de caja que atraviesa la empresa, pero que está en vías de resolverse. Y sobre todo, no se debe forzar la situación de la empresa hasta que esté en situación ruinosa –por ejemplo, sin poder pagar el alquiler de las oficinas y los suministros– para evitar que el administrador concursal y el juez califiquen el concurso de culpable. Otro tema importante es que la contabilidad de la sociedad debe estar al día, ya que en caso contrario también sería una causa de responsabilidad de los administradores; por tanto a la hora de recortar gastos dejar de pagar a la gestoría no debe ser una opción.

El concurso no solo no es el peor de los finales, sino que a veces es la mejor forma de volver a empezar. Cuando algo no tira, empeñarse más que el propio mercado no tiene sentido. Como siempre en la vida, el sentido común es lo que tiene que imperar. Y si a esto se le suma el buen trabajo, la diligencia y la honestidad, no hay que tener miedo a nada ni a nadie.

*María Echávarri es associate en JME Venture Capital

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