28 de mayo de 2016
28.05.2016

Apoteosis o dolor

El choque de San Siro ofrece una undécima Copa de Europa al Real Madrid y la revancha de Lisboa al Atlético Zidane y Simeone dirigen a dos eternos rivales en una final de alta tensión

28.05.2016 | 01:02

Milán acoge hoy la repetición del derbi más grande de la historia, el que disputan Real Madrid y Atlético de Madrid por el título de la Liga de Campeones. Entre la undécima del conjunto blanco y la revancha de los rojiblancos. Un duelo gigantesco, de apoteosis para el ganador y dolor para el perdedor.

En San Siro, un estadio mítico del fútbol europeo, recibe a los dos 'eternos' rivales de la capital española en pugna por el trofeo más deseado y más grande a nivel de clubes continentales y del mundo.

No quiere hablar el Atlético de revancha, sino de "nueva oportunidad" en la Liga de Campeones, aunque aquel encuentro marcó al equipo, cuerpo técnico y aficionados por la forma tan cruel de la derrota, con el 1-1 de Sergio Ramos en el minuto 93 y una prórroga agónica. Desde entonces, ese título es su gran ambición. Por algo es el único que le falta al Atlético.

Para el Real Madrid la final de Lisboa le otorgó la tan perseguida décima Copa de Europa, un momento que ha permanecido y permanecerá en el tiempo. Inolvidable, porque la ganó cuando parecía perdida, por el éxtasis que supuso en el equipo, dispuesto ahora, con el técnico francés Zinedine Zidane, a conquistar una vez más el Olimpo del fútbol europeo.

Ante todo eso el choque ofrece la reafirmación del Real Madrid, con el técnico galo y sus incontestables individualidades, con Cristiano Ronaldo, Gareth Bale y Karim Benzema, Luka Modrid. Contra el Atlético, un equipo por encima de todo. Un bloque capaz de eliminar a Barcelona y Bayern Múnich, pero también con un talento indudable en el juego de sus futbolistas.

Un partido de alta tensión, de tremenda rivalidad, que promete mucha táctica, mucha intensidad y mucha ambición, desde un lado y desde el otro. El Atlético habla del contragolpe de su rival, de presionar arriba y golpear primero en el marcador. Y el Real Madrid no desvela sus cartas. Al contraataque, con espacios, es temible; con la posesión también, sobre todo por toda la pegada de sus hombres de ataque.

El duelo parte desde el equilibrio, con el precedente de Lisboa a favor del Real Madrid, pero con los diez derbis más recientes con estadísticas favorables al Atlético. Ha ganado, ha empatado cuatro y sólo ha perdido uno. Son estadísticas en la víspera, no importan nada cuando el balón entre en juego en el estadio de San Siro, pero marcan en la preparación de la gran final de Zidane.

La dinámica plasma una impotencia madridista, el cambio de una tendencia en la que ganaba cualquier enfrentamiento a la dificultad máxima en conseguirlo. El francés busca soluciones en el tapete, donde Simeone consiguió de su máximo estudio la fórmula para dar la vuelta a la situación, encontrando puntos débiles del rival que explotar. Jugar a encerrarse no casa con el estilo Zizou, por lo que el Real Madrid saltará a San Siro a adueñarse del balón y explotar las virtudes ofensivas de sus jugadores. De su pegada y el sacrificio defensivo que hagan como bloque depende el éxito.

Le espera ya en Milán, desde el jueves, el Atlético, con su once casi definido, con variantes en su juego y con un trabajo meticuloso, llevado hasta el más mínimo detalle, del técnico en las dos semanas que ha estado su plantilla sin competir, desde el pasado 14 de mayo cuando se impuso al Celta en el Vicente Calderón (2-0).

Simeone ha preparado a su equipo para muchos partidos dentro de uno solo, para defender a Gareth Bale, Cristiano Ronaldo y Karim Benzema. Para contrarrestar al medio campo, pero también para atacar, para presionar y para variar su sistema o cambiar de registro si el encuentro lo requiere, dependiendo del momento y el resultado.

Es una de las virtudes del conjunto rojiblanco, del que se prevé un inicio potente, al estilo de sus últimos combates, antes grandes adversarios como el Barcelona o la ida de semifinales con el Bayern, con una opción latente en el once. El belga Yannick Carrasco por el argentino Augusto Fernández, respecto a sus pruebas para la final.

Dependiendo de su elección por el planteamiento, más ofensivo o recurriendo más a la expectativa táctica, también dependerá cuál será el elegido de los dos. La otra duda está en la defensa, en el acompañante del uruguayo Diego Godín. Ahí se perfila el montenegrino Stefan Savic como titular y ahí apunta al banquillo José María Giménez.

El resto, salvo sorpresa, está claro. Desde el esloveno Jan Oblak, imbatido en 32 de sus 50 encuentros oficiales, hasta el delantero Fernando Torres, goleador en siete de los últimos once encuentros, y el francés Antoine Griezmann, en punta o por banda, pero siempre esencial en el esquema de Simeone. Todos ellos suman 32 goles.

Juanfran, Torres y Filipe Luis son indiscutibles en los laterales, como Godín en el centro de la zaga y como Saúl Ñíguez, Gabi Fernández y Koke Resurrección en el centro del campo. De si juega Augusto o Carrasco también dependerá la posición de Koke, por dentro o por fuera. Su pase, su constancia y su balón parado son claves.

Para el Real Madrid, la final marca la gloria o el fracaso, la temporada de la Undécima Copa de Europa del rey de la competición o un año en blanco doloroso, después de no llevarse a la boca el pasado ningún título de los considerados grandes.

En este curso el relevo en el banquillo de Zidane por Rafa Benítez recondujo el camino. A tiempo en Liga de Campeones, la única competición donde estuvo fuerte el Real Madrid toda la temporada.

Superando al PSG por el liderazgo en la fase de grupos, imponiendo su pegada ante el Roma en octavos de final, tirando de noche mágica de remontada europea en el Estadio Santiago Bernabéu ante el Wolfsburgo en cuartos y plasmando su autoridad en un duelo desigual de semifinales contra el Manchester United. El camino menos exigente a la final fue para el conjunto madridista.

El previsible once del Real Madrid para el desafío de San Siro lo recita de carrerilla cualquier madridista. Está definido. No hay hueco para las sorpresas, salvo invento inesperado de Zidane, que no se espera. Keylor Navas, portero menos goleado de la 'Champions', con tan solo dos tantos encajados vivirá la noche más importante de su carrera. Carvajal y Marcelo en los laterales, armas ofensivas claves; la vieja guardia, Pepe y Sergio Ramos, en el centro de la zaga. Casemiro como figura única en la plantilla de medio centro. De ayuda a los centrales y a cualquier cobertura en los laterales. El ancla blanco.

El fútbol blanco cobrará sentido gracias a Toni Kroos y Luka Modric, el encargado de traspasar líneas rojiblancas y enganchar con los tres de arriba, la BBC, el tridente más desequilibrante del mundo junto a la MSN del Barcelona. Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo ante su gran momento. Los referentes.

Sin embargo, en esta ocasión el estado físico en el que llega la plantilla del Real Madrid respecto a Lisboa es la gran diferencia, por encima de las cinco caras nuevas que presentará en un once, ya en una plantilla sin Iker Casillas, Fabio Coentrao, Sami Khedira ni Ángel Di María y en la que permanece la única baja por lesión para San Siro: Raphael Varane.

El resto de la plantilla está sana y en mejores condiciones que hace dos años. Y Zidane tiene en el banquillo más armas para decantar la final si no va por el camino que desea. Jugadores de la dimensión de James Rodríguez o Isco Alarcón y la revelación de la temporada madridista, Lucas Vázquez, esperan su oportunidad para brillar.

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