Ciclismo

La M312 gana dureza y pierde su esencia

La climatología adversa complicó el sábado el desarrollo de las tres versiones de la marcha cicloturista que presentaba de inicio más de 4.000 participantes - Se registraron numerosas caídas en los descensos

02.05.2016 | 02:03
Un momento de la carrera.

En la ruta

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  • Siempre hay tiempo para los selfies

    Los más de 4.000 participantes en la VII Mallorca 312 disfrutaron en la ruta de los voluntarios que los acompañan conocidos como los Banderas Verde, embutidos en maillots blancos con topos verde. Muchos de ellos participaron en el simpático selfie en el que en su parte superior aparece el autor del reportaje sobre la marcha, como es el caso del inquer Llorenç Morro.

Más de 4.000 ciclistas se citaron en la puerta del Iberostar Playa de Muro para disputar la VII edición de la Marcha Giant Taiwan Mallorca 312, con una climatología que de entrada jugaba en contra y que marcaría el devenir de la prueba ya de inicio. De hecho muchos de los que recogieron su dorsal ya no se presentaron a la línea de salida, para evitar un mal rato.

Si los 167, 232 o 312 kilómetros son duros, ya de entrada la lluvia y el piso mojado aumentaron su coeficiente de exigencia y de peligrosidad en un pelotón tan numeroso. La espectacular salida desde el primero al último se prolongó por mas de 30 minutos encabezados por los VIPs. El primero, el dorsal 312, Perico Delgado, acompañado por ex profesionales ya habituales en la cita, como Horrillo, Beloki, Escartín, Pereiro, Tauler o Stephen Roche.

Bajo una lluvia finita y el suelo empapado, el pelotón buscó la Serra de Tramuntana con su primera dificultad orográfica, el Coll de Femenia, que acabaría de empapar a los esforzados ciclistas, mientras el grupo de Banderas Verdes, tras lanzar la salida, se paraba para marcar el límite de la prueba y controlar la obertura al tráfico desde la cola de pelotón.

Peligro en las bajadas

Viendo el panorama, algunos echaban el pie a tierra. "Total para no disfrutar y pasarlo mal en las bajadas", defendía uno. "Otro día será, més val perdre que més perdre", apuntaba otro. Y no iban desencaminados pues en los primeros descensos se sucedían los patinazos y las temidas caídas.

El pelotón iba alcanzando el primero de sus objetivos en el avituallamiento del Gorg Blau. Después la bajada del Puig Major, en el que los más avezados se lanzaron, sin miedo, aprovechando la novedad del día, la seguridad de rodar en carreteras cerradas. Una circunstancia que no terminó de convencer a muchos a los que la propia inercia de las rampas mojadas ya les imponía y descendían 'cuadrados', convirtiendo cada curva en una pesadilla.

Este hecho supondría ir acumulando retraso. Enfilando el Coll de Son Bleda el grupo llegaría hasta Deià y el punto de decisión de Valldemossa. Un tramo que a alguno se le hizo eterno. Lo peor siempre es el tramo de la temida Pedrissa, que de acuerdo a la Ley de Murphy siempre es susceptible de empeorar. Que se lo digan a un ciclista que tuvo que andar varios kilómetros, por romper la cadena en ese fatídico punto. Y casi tuvo suerte, pues topó con el padrino de la prueba –Perico Delgado– que llevaba la herramienta necesaria, un troncha-cadenas, pero por desgracia no era compatible con la cadena averiada.

Murphy existe y el sábado estaba de guardia. Aún asi llegó a s'Esglaieta aprovechando las rampas favorables. Este seria punto de paso de gran parte del pelotón que visto cómo estaba el día y cansados del incesante txiri-miri optaron por la versión Max Huerzeler de 167 kilómetros.

Mucha exigencia

En s'Esglaieta el paso de ciclistas desperdigados se prolongaría, hasta las 13:00, una hora más allá del horario de obertura al trafico de la vía, cuando el primero de esta versión ya había cruzado meta poco antes de las 12:00.

Las exigencias de las rutas de la Serra y la mala climatología habían pasado su factura. En esa hora y ese punto ya se solapaban los participantes de la 167 con los primeros que optaron por las otras dos versiones que ya venían desde Andratx y habían subido los dos nuevos colls de la prueba: Galilea y Es Grau de Superna.

El cielo se iba abriendo sin dejar de amenazar. Y desde cola de grupo los Banderas Verdes iban acumulando unidades. Y es que en esta ocasión perder la estela de los maillots de lunares suponía quedar con tráfico abierto y dificultaba conseguir el objetivo, que en ese punto acumulaba casi 30 minutos de retraso sobre el horario previsto. El esfuerzo de los hombres capitaneados por Jon Ander lograba ponerse en hora ya llegando a Pollença.

La nueva versión de la M312 se había hecho durísima y ahora llegaba lo peor, la distancia psicológica de la M232, que coincidía con el paso por meta, allí muchos 'entregaron la cuchara'. El resto buscaba el avituallamiento de Artà por un terreno rompepiernas que también se estrenaban en la marcha ciclista, el Camí de Conies y el de Calicant. La fiesta de Artà permite que las piernas dejen de doler unos minutos, aunque algunos tienen más urgencia por terminar con sus últimos 25 kilómetros, que por disfrutar el momento. A las 20:45 el pelotón de los Banderas Verdes hacía su entrada en meta, con fuegos artificiales y la batucada de rigor para la celebración del fin de jornada.

Sin dar la vuelta a la isla

Las sensaciones en el pelotón eran coincidentes, bien por rodar con tráfico cerrado, a primera hora que es cuando hace falta tanto por el trazado como por el gran número de ciclistas. Pero el nuevo recorrido mucho más duro no gustó a la mayoría que se quedaron con la sensación de que "hemos rodado 312 kilómetros durísimos, pero no hemos dado la vuelta a la isla y la Mallorca 312 en esencia era eso". Para la próxima edición se espera la recuperación del trazado habitual.

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