Tenis

Nadal se acostumbra a perder

El mallorquín, eliminado en semifinales de Río por el uruguayo Cuevas, 45 del mundo, vuelve a la casilla de salida con un juego previsible y errático

22.02.2016 | 01:16
Nadal se dispone a sacar en su partido de semifinales ante Pablo Cuevas.

Rueda de prensa

  • Rafel Nadal: “No creo en la suerte, pero un poquito de suerte viene bien”

    Rafel Nadal, después de ser eliminado del Abierto de Río de Janeiro, declaró que no cree en la suerte, aunque “un poquito viene bien”. “Llevo tres partidos seguidos perdiendo a muy pocos puntos de ganar, tanto en Australia, como en Buenos Aires, como aquí. También un poquito de suerte viene bien. Aunque no creo en ella. Normalmente tiene la suerte el que lo hace mejor y supongo que no habré sido yo”, dijo Nadal. Nadal añadió que “el sabor de boca no es bueno” por haber perdido dos títulos, el de Buenos Aires y el de Río, tras haber llegado a semifinales. Valoró que ante Cuevas luchó “hasta el final” y estuvo “mentalmente bien”, aunque admitió que le “faltó convicción en algunos momentos importantes”.

Rafel Nadal no levanta cabeza. Un segundón del tenis mundial, el uruguayo Pablo Cuevas, 45 del mundo, y que nunca había ganado al mallorquín, le apeó de las semifinales del Abierto de Río en un partido que dejó patente el paso atrás que ha dado el de Manacor en su juego, cada vez más previsible y errático. Superado por el calor de la capital brasileña, con una humedad insoportable, Nadal se rindió tras tres horas y media por 6/7(6), 7/6(3) y 6/4.

Poco queda del Nadal dominador en la pista, sobre todo en su superficie favorita, la tierra, donde su dominio era incontestable. Pocos eran los que se atrevían a cuestionarle su superioridad. Pero en las dos últimas semanas se ha visto superado por dos jugadores a los que no hace tanto habría ganado casi sin despeinarse. En Buenos Aires fue el austriaco Dominic Thiem el que le ganó, y el sábado el treintañero Cuevas quien, por supuesto, logró "la victoria más importante" de su carrera.

La derrota de Nadal se fraguó en unos números desalentadores, impropios del mejor jugador de la historia sobre tierra y de un número cinco del mundo. Cometió la friolera de 33 errores no forzados –una barbaridad tratándose de Nadal, en tierra, y en partido a tres sets–, con solo 32 golpes ganadores por los 48 de su rival. Y, sobre todo, dos roturas de trece de que dispuso.

Observado desde la grada por su tío y entrenador Toni, el juego de Nadal es un querer y no poder. Sus golpes desde el fondo de la pista ya no hacen daño, o el suficiente para tumbar a su rival de turno. En otras circunstancias, Nadal no hubiera dejado escapar la muerte súbita del segundo set, que le daba el partido. Cada punto es una agonía, obligado a lucharlo hasta la última gota de sudor.

Olvidadas las lesiones, el campeón de catorce grandes se encuentra en su peor momento anímico. Tras su meteórica eliminación en el Abierto de Australia, acudió a Buenos Aires y Río, dos torneos de tierra, para recobrar el ánimo e intentar aumentar su palmarés. Pero se ha vuelto a quedar a medio camino. No arranca, y en perspectiva tiene los dos primeros Masters 1.000 de la temporada, Indian Wells (10-20 de marzo) y Miami (23 marzo-3 abril). Nadal necesita victorias paras recobrar el ánimo. De momento, se encuentra en un laberinto del que no sabe cómo salir. Tiene tiempo y calidad para lograrlo.

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