SEBASTIÁN FEST. MELBOURNE
En una sublime noche de tenis, Rafel Nadal derrotó ayer a Roger Federer para avanzar a la final del Abierto de Australia y luchar el domingo por su undécimo título de Grand Slam. Número dos del mundo, el mallorquín se impuso por 6-7 (5-7), 6-2, 7-6 (7-5) y 6-4 en tres horas y 42 minutos de batalla y se jugará el primer título grande de la temporada ante el ganador del choque de hoy entre el serbio Novak Djokovic y el británico Andy Murray.
El impactante partido de ayer se abrió con un Federer celestial. Lo que jugó el suizo en los primeros compases del partido fue el tenis perfecto: con gran movilidad e impactando la pelota con una limpieza que tiempo atrás había perdido, aceleró para romper el servicio de Nadal en el segundo juego y adelantarse 3-0 y 4-1.
Con la derecha mandaba, pero con el revés encandilaba. Había de todo: secos reveses paralelos o dúctiles y cruzados con top spin; filosas derechas con slice, contundentes saques y voleas a las líneas. Y drops, muchos drops, como había pronosticado el día anterior Rod Laver. El mallorquín, atrapado en el fondo, estaba siendo maltratado por el suizo, que parecía encaminarse a una victoria contundente en el set.
Pero Nadal es Nadal, el hombre que nunca se rinde, el jugador de los tiros imposibles y el despliegue físico, el joven de la mente que no claudica.
Tan bien estaba jugando el suizo, que se pasó de vueltas en cuanto a la admiración que probablemente comenzaba a sentir por sí mismo. A veces es peligroso intentar probar todos los tiros que existen en el tenis, más si enfrente está Nadal: así, un toque de volea de revés mal ejecutado le sirvió la pelota al mallorquín, que quebró para acercarse a 3-4.
Federer se redimiría un poco después, con un toque de jerarquía, una media volea de revés para quedar 6-3, con tres set points a favor en el tie break. Nadal salvó dos con su saque, pero no pudo con el tercero.
Envalentonado, el número tres del mundo rompió el saque del español en el inicio del segundo set. Con 7-6, 1-0 y su saque, estaba en su mejor momento. Pero Nadal le devolvió la gentileza, y el juego del suizo se disolvió en la misma medida que creció el del mallorquín. Ni siquiera los fuegos artificiales del Día de Australia, que paralizaron el partido durante 15 minutos –ambos se fueron al vestuario– cambiaron las cosas, porque el balearl regresó con ventaja de 5-2 y remató quebrando en cero el saque de su rival.
El tercer set fue extraño, con altibajos y momentos de dominio repartidos. Federer quedó 0-40 con dos dobles faltas seguidas, pero ganó finalmente ese saque con dos drops consecutivos para adelantarse 1-0 y poner fin a 11 puntos perdidos al hilo.
El suizo dispuso de ventaja de 4-3 y su saque, pero Nadal recuperó rompiendo. El tie break mostró a Federer errático, y sólo reaccionó al verse 1-6 abajo. Salvó cuatro puntos de set, pero en el quinto Nadal lanzó una derecha invertida que no pudo controlar: 7-5 en el tie break y dos sets a uno para el mallorquín. Después tendría un break point para adelantarse 5-3, pero arriesgó y tiró la derecha afuera. Nadal se llevaría ese juego y, con 4-4, la tensión era extrema.
Federer salvaría un break point, pero no el segundo. Con 5-4 y saque, Nadal tenía el pase a la final en sus manos.
Un primer match point se le escapó con un revés cruzado ancho ante el ataque de Federer, que se situó con break point. Segundo break point que también se le escapa al suizo y el mallorquín que ya no perdona: derecha larga de Federer, Nadal celebrando de rodillas, ojos cerrados y espalda arqueada como si fuera campeón, multiplicando la piel de gallina en todo el ´planeta tenis´, sacudido aún por lo que acababa de ver.