ALEJANDRO VIDAL
Posiblemente el partido más eléctrico, como el azul de su pantalón, disputado por el Atlético de Madrid en Palma fuera el que perdió por 4 a 3 en la cuarta jornada de la temporada 1986-87, hace ya más de veinte años.
El Mallorca venía de empatar en Pamplona, sin goles, y ganar en Santander. Entre ambos había firmado tablas, 1-1, con el Barcelona en el viejo Lluís Sitjar. Desde los micrófonos de la extinta Antena 3 Radio, José María García era el dueño de las ondas deportivas y había declarado el choque como "el partido de la jornada". Y, la verdad, lo fue.
Ambos equipos se lanzaron desde el primer minuto a por la victoria, con un planteamiento ofensivo que tardó algo más de media hora en traducirse en el marcador. Después los goles se sucedieron en breves intervalos.
Abrió la lata el rojiblanco Uralde a los 34 minutos y con esta ventaja se llegó al descanso. Serra Ferrer movió ficha y se la jugó al sustituir a un lateral, Chano, por un delantero, el murciano Puskas. A los seis minutos de la reanudación, Orejuela estableció el primer empate, pero sólo tres después Quique Setién marcó el 1-2. Sólo habían transcurrido cuatro minutos hasta que Urío señaló un penalti que, transformado por Higuera, igualó el resultado a dos.
Tras otros siete minutos, Paco Llorente puso de nuevo por delante a los suyos, pero cuando faltaba un cuarto de hora para el final, Luis García restableció la igulada. Conforme con el armisticio, Serra volvió a refozar la retaguardia, dando entrada a San José, pues los colchoneros querían más y habían puesto en liza a Julio Salinas. Sin embargo, el destino había previsto otras circunstancias y un autogol de Clemente Villaverde a trescientos segundos del final sentenció definitivamente la brillante vistoria rojilla. Los colores del Atlético han de sembrar de recuerdos la memoria de un futbolista mallorquín, Paco Soler, que debutó con el Mallorca y en Primera División el 21 de abril de 1991. Conocido como Chichi, habrá sido el único jugador que nunca cambió de equipo; es decir, que comenzó y terminó su carrera sin haber vestido más que la camiseta rojilla. Aquel día el Mallorca visitaba el Vicente Calderón y siete jugadores eran baja por diferentes motivos. Los locales ocupaban el segundo lugar de la tabla por detrás del Barça y no habían perdido ningún partido en su feudo, donde únicamente habían cedido cuatro empates. Por el contrario, las huestes de Serra, que había vuelto al club, luchaban por evitar el descenso en décimo séptima posición con los mismos puntos que el décimo octavo, el Castellón.
Soler, junto a Del Campo y Marcos, constituía la representación mallorquina en la alineación, con el dificilísimo encargo de secar a la gran estrella local, el alemán Bernd Schuster. Le aburrió hasta el infinito, pese a la diferencia de técnica, estatura y veteranía, al punto de que la victoria mallorquinista por 0-1, con gol de Claudio a los 85 minutos, rompió todas las quinielas. Al cabo de poco más de un año, Soler disputaba con la Selección española los JJOO del 92. El seleccionador Vicente Miera contó con él como lateral derecho y España conquistó la medalla de oro. Otro mallorquín, Gabriel Vidal, formó parte de aquella lista.
El primer gol del Mallorca al Atlético en Primera División lo marcó el jienense Haro en el año 1960 en el llamado estadio Metropolitano. Pero entonces los puntos se quedaron en Madrid, al perder 2-1.