ALEJANDRO VIDAL
¿Qué Mallorca saltará hoy al terreno de juego, el de Palma o el de sus apáticas actuaciones en canpo ajeno? Y ¿qué Atlético veremos, el que ha sido capaz de alcanzar los cuartos de final de la Europa League y la final de la Copa del Rey o el que se arrastra irregularmente por los vericuetos de la Liga?
Estas son las cuestiones que se plantea hoy cualquier aficionado decidido a acudir a Son Moix sin saber qué plato le pondrán para merendar. Como una corrida de toros sin la menor idea de si saldrán "mihuras" o mansos o el sabor de un melón antes de hincarle el diente.
En pura apariencia, Quique Sánchez Flores depende más de sus individualidades que Manzano de las suyas. La inspiración de Reyes y de Forlán han de marcar, en ausencia de Agüero, las diferencias rojiblancas. En cambio, el Mallorca se alimenta del máximo rendimiento de su bloque, sin el cual no brilla nadie en particular y el equipo lo acusa.
El técnico local fiaba la alineación a su decisión sobre una cuestión básica: ir a por el rival o dejarle venir. En fútbol todos los dibujos son buenos cuando se gana y malos si pierdes y esta tarde no habrá excepciones en este sentido.
Se llevará el gato al agua quien mejor maneje los tiempos, aquel que sepa cuándo atacar y cómo defender. Un partido más de cabeza que de corazón, aunque sin alma no vale ni una cosa ni la otra. Ahi está el quid de la cuestión.