ALEJANDRO VIDAL
En caso de que el Mallorca termine por acudir voluntariamente al concurso, no será ni el primer club que se ve obligado a ello, ni lamentablemente el último. Evidentemente es una salida impopular, aunque relativamente cómoda para la empresa y peliaguda para sus empleados y acreedores.
Tampoco es una panacea para hipotéticos compradores. Una cosa es entrar con la deuda negociada al cincuenta por ciento y a cinco años y la otra creer que este plus de ventaja para la futura gestión tiene algo que ver con el precio de venta de las acciones. Quien piense que, abocado a la encrucijada, Mateu Alemany se desprenderá de su paquete accionarial por menos dinero del que le costó, es un iluso. La AFE tiene que mirar más lejos. El concurso es la solución más temible para los futbolistas. Por eso Rubiales sabe que su negociación pasa, antes que por cada club, por la Liga, el Consejo Superior de Deportes y la Federación Española de Fútbol. De no ser así, el problema se convertirá en crónico y, por tanto, en el camino de lo irremediable.
Si patronal y trabajadores se unen, al secretario de Estado para el Deporte le puede caer un "marrón" de campeonato, porque en septiembre se arriesga a tropezar con una huelga al unísono.