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J. BAUZÀ. PALMA.
A los 24 años de edad decidió cambiar una isla por otra. Fue una apuesta arriesgada, porque aquella temporada 2000-2001 el Tenerife jugaba en Segunda División A. Pero el tiempo demostró que Pep Lluís Martí había hecho la elección correcta. En Mallorca, su isla natal, había tenido la oportunidad de debutar. Pero en aquel equipo en el que Vicente Engonga reinaba en el centro del campo no ofrecía demasiadas oportunidades para un joven recién ascendido del filial.
"Será muy especial para mí. Salí de aquí para irme ahí. Pasé tres años espectaculares y la gente me guarda un gran cariño. Tengo muchos amigos en esa isla. Me dio la oportunidad para salir, disfrutar del mundo del fútbol, la aproveché. Logramos un ascenso justo al llegar y fue muy importante para el desarrollo de mi carrera", recordó Martí el pasado miércoles en Son Bibiloni.
El palmesano volvió al estadio que le vio madurar como futbolistas. Jugó los noventa minutos y su actuación no paso de discreta, a tono con el resto del equipo. De su hoja de servicios apenas se recordará un fuerte disparo desde el costado del área que tuvo que despejar Aragoneses con el puño a córner.
Pep Lluís Martí desembarcó en Tenerife siendo un novato y acabó siendo el capitán de una plantilla que logró el ascenso de la mano de Rafael Benítez. Fue en aquella temporada 2001-2002 cuando el palmesano demostró que tenía cualidades para jugar en Primera División.
Descenso a Segunda
Sin embargo, la carrera de aquel futbolista que maduraba a marchas forzadas y que ya se había hecho indiscutible en el equipo titular se truncó en parte porque en la campaña 2002-2003 el conjunto canario descendió a Segunda División. El capitán permaneció un año en Tenerife con la esperanza de volver a subir a la máxima categoría, pero la ilusión del ascenso se desvaneció.
Pese a que estaba muy agradecido al conjunto tinerfeño por haberle dado la oportunidad de labrarse una carrera profesional –"fueron tres años espectaculares"–, ha recordado en alguna ocasión, Martí decidió volver a hacer las maletas y salir de la isla con destino a Sevilla.
En la capital hispalense jugó y rindió a un nivel espectacular. Recuperó los galones que había dejado en Tenerife como organizador del juego y saboreó la competición europea ganando dos copas de la antigua UEFA y una Supercopa de Europa.
Ha transcurrido desde entonces una década y Pep Lluís Martí sigue pegado a la línea del mediocampo, ahora vistiendo la camiseta del Real Mallorca.
Pep Lluís Martí seguirá enfrentándose con su pasado el próximo sábado, cuando su equipo reciba la visita del Sevilla de Manolo Jiménez. Y nuevos recuerdos de grandes tardes de fútbol –las mejores de su vida– volverán a agolparse en su memoria.
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