JULIÁN GARCÍA CANDAU
La Liga española es tan anómala que la disputan dieciséis sociedades anónimas y cuatro clubes, afectados por leyes distintas. El siguiente absurdo está en los contratos con las televisiones que no son en bloque. En Inglaterra hay reparto más solidario y los grandes, con más telespectadores y mejor clasificación deportiva, también salen beneficiados. Incomprensiblemente, en España la mayoría traga con el sistema actual.
Los tardíos horarios y ahora la programación de los lunes impide en muchas ciudades la presencia de niños y adolescentes en los graderíos. Por el camino actual acabaremos matando la gallina de los huevos de oro aunque por lo que se ve solamente hay puesta y clueca incubando en Barça y Madrid.
Las cuotas de los socios y el taquillaje son el veinte por ciento de los ingresos de los clubes. Para poder presentar cuentas deficitarias cada año, como es norma, hay que acogerse a los ingresos por derechos de imagen y la venta de mercadería. Hubo un tiempo en que estos componentes de la partida del haber se llamaba ingresos atípicos y hoy lo intrascendente es la taquilla. Ni siquiera el llamado Día del Club supone gran alivio.
Pepe Samitier, filósofo del borceguí, dijo en cierta ocasión que el fútbol no era negocio porque si lo fuera estaría en manos de los bancos. Efectivamente, sigue sin ser negocio, pero los clubes están en manos de lo bancos, sus principales acreedores.
Los clubes inventan a diario nuevas fórmulas para hacer caja aunque de vez en cuando el negocio no sea tal como le ha sucedido al Real Madrid con la fina lencería en la que las señoritas lucían sujetadores y braguitas con el escudo del club y los mozos adornaban su interior con idénticos señas.
La necesidad de equilibrar cuentas, el superávit parece imposible mientras la administración sea tan desmañada, obliga a aceptar horarios, no siempre acordes con los hábitos de las ciudades y ahora tenemos fútbol hasta en la sopa. Ya hay sesión continua como en los cines de barrio de antaño que exhibían tres películas seguidas. Los partidos en lunes fracasaron en la primera intentona y ahora no parece que vayan a salir mejor las cuentas.
El fútbol no ha figurado en ninguno de los veinte programas televisivos más vistos en enero y si los lunes alguno llega a tener cierta expectación la contrapartida será la ausencia de espectadores en las gradas de los estadios.