MATÍAS VALLÉS
El palmarés actual de Nadal continuaría siendo deslumbrante de aquí a cinco años pero, ¿a qué ha de dedicarse en el interín? Su físico lo encumbró y lo está socavando, recuerda al actor genial pero con los rasgos inapropiados para el papel que anhela. Las piernas se niegan a bailar con su cerebro, un veinteañero está más preparado para el vértigo de una brusca ruptura que para el declinar crónico que sólo podrá asimilar cuando doble su edad actual.
La cartelera nos muestra un camino hacia la curación de Nadal. Necesita reencarnarse en un avatar, creado en el laboratorio y dirigido por su mente. Nunca ha sacado –un recurso de jugadores débiles–, pero gracias a un alter ego recuperará sus bajísimas cifras de errores no forzados. Nos refugiamos en Avatar para evitar el Titanic, porque no soportaríamos la reedición del calvario del Nadal-Soderling que nos infligió el último Roland Garros.