ALEJANDRO VIDAL
El Mallorca debe y le deben. Quien esté limpio de culpa que tire la primera piedra. Sobre todo en estos momentos, cuando hemos sabido qué quería decir Javier Martí Asensio al afirmar que en cuatro o cinco años dejaría las cuentas del club a cero. Parece que incluso en menos.
Lo malo es que el joven y cesado consejero no es una rara avis en el mundo del fútbol. Todos los clubes, prácticamente sin excepciones, fichan más rápido de lo que tardan en pagar y así les va. Más que en una cadena de favores, como en la película de Kevin Spacey, estamos ligados a eslabones de impagados. Si Hacienda fuera capaz de cobrar la deuda conjunta del fútbol, quizás los ciudadanos de a pie no tendríamos que abonar religiosamente y bajo amenaza de embargo los recargos de nuestras multas innegociables. O sea, sufriríamos una menor presión impositiva porque aquí o montas un club de fútbol o no hay nada que hacer.
No es cuestión de agobiar a nadie ni dar ideas que ayuden a empeorar las digestiones de los sacrificados directivos de las sociedades anónimas deportivas, pero de la misma manera que un club que debe a otro se le impide inscribir nuevos fichajes, habría que ir estudiando que lo que se debe evitar es que los morosos sigan jugando en una categoría profesional. Por cada tres mil euros sin pagar, un punto menos. Aunque alguno fuera campeón sin pasar de la docena.