ALEJANDRO VIDAL
El acuerdo por el que el futuro recinto ferial se ubicará en el solar del viejo Lluís Sitjar es ante todo una buena idea. Los términos del acuerdo, cuando se conozcan, ya determinarán si también es un buen proyecto.
Las ideas casi nunca se pagan, más allá de que alguien puede cobrar la ocurrencia a través de la venta de sus propias acciones en el momento en que se produzca, sin perder de vista que uno no siempre percibe su premio en efectivo, sino en especies.
No es ninguna casualidad que el acuerdo municipal se haya puesto sobre la mesa solamente cuatro días después de la tormenta desatada en el Mallorca, culminada momentáneamente con la salida de los Martí Mingarro. Mucho nos tememos que el ideólogo lo dejó en la incubadora ante la perspectiva de negociar con empresarios que, además de no mallorquines, ofrecían serias dudas. La imagen era y es muy importante para los políticos y, en su defecto, para sus asesores áulicos.
Ya no importa quién o quienes urdieron la conjunción de intereses institucionales, económicos y sociales, sino que el cocktail complace inicialmente a todas las partes, incluido el Govern al que Cort ha servido en bandeja la coartada de su ayuda al Mallorca que históricamente quedaba en entredicho.
Antich equilibra así el gesto del Ajuntament de Fageda por la cesión de Son Moix, Calvo solventa el compromiso de la ubicación, idónea desde luego, del recinto ferial, los copropietarios se frotan las manos al advertir por fin la posibilidad de rentabilizar sus hasta hace poco inútiles títulos y Alemany, un hombre con suerte, respira aliviado.