ALEJANDRO VIDAL
El Consejo del Mallorca se arma, y hace bien, para una guerra que se presume abierta y dura. Dice el refrán que quien con niños se acuesta, mojado se levanta. La sabiduría popular también hace referencia a los efectos de las buenas o malas compañías: "dime con quién andas y te diré quien eres". Uno, otro y seguramente alguno más le vendrían como anillo al dedo a quien tuviera que explicar lo sucedido en el club a lo largo de los tres últimos meses.
Las decisiones tomadas ayer por los consejeros no áulicos se circunscriben a la lógica más elemental. Las actuaciones de Javier Martí Asensio las reprobamos todos, incluso aquellas que no tienen que ver directamente con las demandas formuladas contra su persona. Es más, la crítica alcanza severamente al resto de su familia conocida, padre y tío, como cómplices de sus fanfarronadas.
Igualmente era de cajón el nombramiento de Mateu Alemany en calidad de consejero delegado. En primer lugar porque es la función que le corresponde, en segundo lugar porque le permite moverse dentro de la discreción más absoluta y porque, además, es el papel que ya ejerció en el pasado, aunque el matiz de la propiedad cambia sustancialmente su antiguo rol.
En este asunto tan espinoso, no cabe más que la acción directa y ejecutiva. Todo aquel que abra la boca en relación al caso, tiene que acudir a los Tribunales o callar. Cada cual peleará por sus derechos, pero el campo de batalla cuando se plantean tales atropellos está en los Juzgados y no en los medios de comunicación, salvo que aquellos que hacen lo contrario carezcan de argumentos sostenibles ante sus señorías.