ALEJANDRO VIDAL
Como por mal que vayan las cosas siempre pueden empeorar, el Mallorca fué el único club ausente de la asamblea más importante que la Liga de Fútbol Profesional ha convocado en años. Un ridículo más por obra y gracia de Martí Asensio, aclamado en la cena de la Penya Arrabal de la otra noche, que en cambio hoy sí amenaza con ejercer en la comida de directivas y en el palco del Camp Nou de donde, según cuentan, intentó apear a un consejero mallorquín.
Amparado en el nombre de su tío y protegido por papá, Javierito no quiere soltar el juguete que le compraron sin pagar. Ahora su propio consejo de administración, gravemente
preocupado, quiere pedirle explicaciones antes de que haya que darlas ante otras instancias y en evidente situación de complicidad. Aunque no hay que descartar, a la vista de lo sucedido en otras ocasiones, que el consejero delegado no atienda la convocatoria.
La débil muralla que resguarda al vestuario del maléfico virus que está a punto de colarse por las rendijas de sus puertas, mantiene la trayectoria deportiva del equipo en el polo opuesto del caos institucional, económico y financiero, pero al primer revés causará estragos incalculables.
¿Hoy hay partido? Sí. Un detalle que, día a día, pierde más importancia. Una nimiedad comparado con la supervivencia.