R. CABOT. PALMA.
El presidente del Real Mallorca, Tomeu Vidal, desistió el pasado viernes de viajar a Madrid, para asistir al partido contra el Atlético, tras exigir el consejero delegado Javier Martí Asensio sentarse en el palco junto al presidente del club del Manzanares, Enrique Cerezo. Esta decisión no fue del agrado de Vidal, que se negó a viajar a la capital de España al considerar que Javier Martí se atribuye funciones que no le corresponden.
La presencia de Vidal en el palco del Calderón estaba tomada desde principios de la semana pasada, pero fue la propiedad quien comunicó al presidente que le gustaría que fuera Javier Martí como máxima representación del club.
Desde el mismo momento en que Tomeu Vidal fue designado presidente, después de que José María Lafuente rechazara la oferta el pasado mes de agosto, quedó claro que el cargo de presidente era meramente institucional. Es decir, representar a la entidad en los diferentes actos que conciernen al club. Entre las funciones de la presidencia de una sociedad futbolística se encuentra la de sentarse en el palco de los diferentes estadios junto al presidente del club rival.
Javier Martí explicó ayer a este diario que Vidal no viajó a Madride "por motivos profesionales. Además, ya quedó claro que no se desplazaría a todos los partidos", comentó.
Vidal, que no tiene pensado dimitir, según ha podido saber este periódico, ha visto cómo en apenas dos meses su relación con la familia Martí se ha deteriorado. El presidente del Mallorca se ha quejado, entre personas de su entorno, del excesivo protagonismo del consejero delegado, y ya intuye que tampoco se sentará en los palcos más apetecibles, como el Camp Nou –el próximo 8 de noviembre–, Mestalla o el Bernabéu.
Vidal fue el hombre clave en las negociaciones de la familia Martí Mingarro con el anterior propietario, Mateu Alemany, para que fructificara la compra de las acciones.