ALEJANDRO VIDAL
En una empresa en la que trabajé hace algo más de una década, estaba mal visto que los ejecutivos con mando en plaza terminaran su jornada laboral antes de las diez de la noche. Nunca lo entendí ya que, hasta donde alcanza lo que he leído sobre el particular, la mayoría de especialistas coinciden en señalar que a estas horas el cerebro piensa con menos claridad y funciona más lentamente debido al cansancio mental acumulado a lo largo del día.
Ayer recordé aquella circunstancias cuando me contaron que el consejero delegado del Mallorca se había programado una reunión recién llegado de Madrid una hora antes de la medianoche. Tampoco he creído nunca en las llamadas comidas o cenas de trabajo, tras las cuales uno suele estar para cualquier cosa menos para currar, si se me permite la expresión.
Sin imputación directa causa efecto, el discurso de Javier Martí Asensio de puertas para afuera debería ser suficiente para que Tuni entendiera por qué van tres mil espectadores menos al campo. Entre otras cosas, por supuesto. Hay mucha diferencia entre la realidad que uno tiene dentro y la verdad que tiene que vender allende sus puertas. Si fabricamos exquisitos caramelos pero confesamos problemas en la factoría, venderemos muy pocos.