ALEJANDRO VIDAL
No esperaba que a Manzano le pusieran el dedo en la boca y mordiera. No es tan ingenuo. Cuando la calma había sucedido a la tormenta, no cabía arrebatar la caja de cerillas al consejero delegado para provocar un nuevo incendio en su jardín. Despreció el efecto local de las llamas sabiendo que su calor llegaría hasta Madrid. Pero no debió hacerlo y ayer lo reconoció así, en un gesto que le honra pero no le redime.
Hablemos claro. A partir del 1 de julio de 2010 y si no cambian las cosas, que no llevan camino, el jienense no entrenará al Mallorca. Ni él quiere permanecer en Palma, de hecho y de no mediar las cláusulas de su contrato ya se habría marchado hace un año, ni entra en los planes de Javier Martí Asensio. De esta manera no tiene sentido que ambas partes se enzarzen en discusiones bizantinas que sólo perjudican al equipo para no variar un ápice el implacable futuro.
La plantilla vive aislada de la disparidad y el disparate. De ahí su buen comportamiento en el inicio de este campeonato que apunta a que el Mallorca no sufra. El técnico es consciente de que el año próximo podrá elegir su destino entre no menos de una docena de equipos de Primera División. ¡Tengamos la liga en paz!