RICARD CABOT
Por una derrota en Sevilla, uno de los equipos que luchan por seguir la estela del
Barcelona y Real Madrid, no hay que dramatizar, ni mucho menos. El conjunto hispalense es, hoy por hoy muy superior al Mallorca y a la mayoría de equipos que pululan por la Primera División. Y lo que se vio ayer es un fiel reflejo de las diferencias entre uno y otro equipo.
Dicho esto, lo peor de ayer para el equipo de Manzano es la imagen que ofreció. Muy pobre para un grupo que llegaba a esta cuarta jornada tras dos victorias y un empate de calidad en Villarreal. El equipo entró al campo derrotado, como si los tres puntos de ayer no hiciera falta disputarlos. Una sola vez a puerta se disparó en la primera parte y otra en la segunda. Muy escaso bagaje para un equipo que se ha conjurado para no pasar apuros este año.
Manzano dijo en la previa que no había que ser miedosos. Con su alineación lo fue. Con dos hombres de contención en el centro del campo, un interior –Varela– con funciones destructivas y otro –Castro– al que no le han sentado bien las vacaciones, el equipo echó en falta a Borja Valero. Las rotaciones están bien en equipos que al final de la temporada juegan más de sesenta partidos. El Mallorca, como mucho, disputará poco más de cuarenta. Por lo tanto, no se entiende tanta rotación, y menos en jugadores de la talla de Borja Valero, un tipo de 24 años capaz de jugar dos partidos en cuatro días. Renunciar a este jugador es dar demasiada ventaja al rival, y el equipo no está para concederla a nadie, y menos al Sevilla.
Manzano hubiera firmado finalizar la cuarta jornada con siete puntos. El balance es muy positivo. Hay que pensar ahora en el Valladolid, otro de la Liga del Mallorca, al que hay que ganar. Pero con otros argumentos que los exhibidos ayer porque en el Pizjuán no se jugó a nada.