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TOMEU GARCIAS
"Al podio se asciende con el pie derecho", dijo el mítico Raimundo Saporta después de que la Selección Española de baloncesto perdiera una de sus finales. Porque la selección de baloncesto es carne de podio desde hace muchos años, algo que algunos han descubierto ahora. Y tras imponerse a Serbia se ha repetido la historia. La selección española ha seguido engordando su entorchado medallístico, con la única diferencia de que en esta ocasión ha sido la presea de oro, algo que muchos valorábamos de utópico tras el dubitativo comienzo que estuvo plagado de un rosario de despropósitos protagonizados por parte federativa, aunque aderezados con otros de la parte técnica.
Pero España ya es oro en un Europeo y con ello el presidente de la Española, José Luis Sáez, ha visto cumplido ´su´ objetivo ineludible. Porque según él (Sáez), así como sus botafumeiros y asalariados agradecidos, la selección debía regresar obligatoriamente de Polonia con el oro colgado del cuello, olvidando que el español no era el único equipo de la competición. Esta desmedida ambición de Sáez ha sido uno de los lastres de los españoles desde los inicios de la competición, dado que esta obligación de ganar el oro no hizo sino cargarles de presión.
Pero esto no es todo. Con su forma de actuar, el presidente de la Española quizá no se daba cuenta -o quizá sí- de que él mismo infravaloraba la gesta del equipo en caso de que se subiera a lo más alto del cajón desde el momento que ya se daba por cosa hecha. Algo peligroso para los mismos jugadores, como lo prueba que Gasol (Pau), después de perder ante Turquia, decidiera coger el timón del equipo. Así las cosas, Pau no se cortó a la hora de valorar de "error pensar que te pones la camiseta, haces un poco de calentamiento y las cosas salen porque sí".
A todo ello, el equipo que afrontaba la competición con la presión del obligado objetivo de conquistar el oro, ha tenido que hacerlo siguiendo una más que deficiente planificación de preparación que, cuando llegó el momento de poner las cosas en claro por parte de Pau Gasol fue oportunamente criticado. Para el catalán, estaba claro que la preparación ha estado presidida por la mala preparación y la desidia, a lo que también, por supuesto, deben añadirse algunas inoportunas lesiones, como la de él mismo el primer día que contactaba con el equipo sobre la pista. Y es que si algo ha quedado claro es el objetivo de la máquina federativa, con su presidente Sáez a la cabeza, de exprimir, a costa de lo que sea, los éxitos del equipo con el objetivo de engordar las arcas federativas.
También fue Pau quien, después de la derrota ante Turquía, abrió los ojos de los ciegos que no querían asumir esta mala planificación. Para el de Sant Boi, al equipo le "faltaba ritmo". A él, curtido en mil batallas, no le parecía lógico, y no lo es, que la preparación del equipo se haya desarrollado "casi en su totalidad en casa y con el público a favor", contribuyendo a que "los jugadores llegáramos a pensar que los partidos se resolverían por sí solos, sin la necesidad de que diéramos el cien por ciento de nosotros mismos, para acabar convirtiendo a cada uno de estos partidos en más fáciles de lo que realmente son en un terreno neutral", en donde todos esperaban al vigente campeón del Mundo, subcampeón olímpico y de Europa, con la escopeta cargada.
Pero esta es sólo una de las pruebas del interés de Sáez y su gente de exprimir al equipo hasta la última gota. Si se planificaba el mes de preparación jugando partidos en el extranjero, los ingresos apenas cubrían los gastos. Planificándola por pistas españolas, como si de una gira de los Globe Trotters se tratara, ya era otro cantar, dado que quien quisiera presumir de acoger a Gasol y compañía, debían pasar por caja y enterarse de lo que cuesta un peine. Pero esto no es nuevo. Ya fue en el pasado Europeo cuando Sáez y su equipo entraron en la dinámica de convertir al equipo en una máquina de hacer dinero. De aquí deriva el divorcio que se vivió con Pepu Hernández, a quien no le valió su condición de quizá haber sido el mejor seleccionador de la historia del baloncesto español para acabar destituído, con la excusa de que ganar la plata ante Rusia supo a poco a algunos, cuando lo que de verdad había detrás era un rosario de desavenencias. Al técnico no le parecía bien la fiebre recaudadora de la Federación a costa del descanso de los jugadores, llegándose al extremo de obligar a que el equipo regresara de Sevilla a Madrid en AVE pasadas las dos de la madrugada en base a un convenio entre la Federación y Renfe y ello fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Pepu Herández.
Pero no sólo ha sido el equipo federativo el que se ha equivocado. La designación de Sergio Escariolo también provocó ampollas. Para comenzar, no acaba de ser lógico que el seleccionador, un cargo magníficamente pagado (como lo demuestran los treinta y seis mil euros que se llevó Aito García Reneses por tres meses de trabajo) no pueda serlo a plena y exclusiva dedicación, y ejerciendo en Moscú y que, además de superar los inconvientes de controlar a los jugadores que ejercen en España, también tener que estar atento a los esparcidos por la NBA. Sencillamente demencial...
Pero que no pongamos en duda la capacidad como entrenador de Escariolo no significa que no se le pueda echar en cara alguna que otra alegría que a punto estuvo de costar cara. Una de ellas, por ejemplo, cuando decidió la última jugada ante Turquía que acabó en derrota. Llevaba razón Marc Gasol al recriminar que en una situación como la que nos ocupa "no se puede dar la pelota y la responsabilidad al último chico que ha llegado". Quizá sea, como se dice ahora, políticamente incorrecto hacer este comentario de forma pública, pero quién puede asegurar que ello no fue fruto de un bien pensado gesto de fuerza por parte de las vacas sagradas del equipo, con el fin de ponerle las pilas a Escariolo, empleando a Marc Gasol digamos que de portavoz...
Pero ahora ya es historia. El equipo español sigue en su tónica de subir al podio y aquí paz y después gloria. Lo lamentable será si quienes deben no se aplican las oportunas lecciones. Aunque tan, o más lamentable sea que quizá la que acabó ayer sea la última vez que el equipo español pueda presumir de su gran capitán, Pau Gasol, que en los momentos más críticos no ha dudado en coger la manija del equipo decidiendo hasta cómo debía jugarse sobre la pista, aunque por ello tuviera que debatir (?) con su jefe, Sergio Escariolo. es-bullit@telefónica.net
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