FÚTBOL. PRIMERA DIVISIÓN/LIGA BBVA
SEBASTIÁN FEST. MADRID.
"Qué bueno que es...!". El asombro de Guardiola crecería de prestarle atención a una corriente de opinión nada despreciable en Argentina: Messi no es tan bueno, Messi le aporta poco y nada a su selección, porque Messi no siente la camiseta.
El "qué bueno que es!" brotó suave, pero claro, de los labios de un Guardiola atónito ante la maravillosa jugada con que Messi le sirvió el cuarto gol a Keita para el 5-2 del Barcelona en la noche del sábado ante el Atlético de Madrid.
El diminuto argentino recibió la pelota de dentro del área y de espaldas, flirteó con el balón, se quitó la marca con un ´sombrero´ y lanzó el pase para Keita. Todo, en el espacio de un par de baldosas. Es difícil encontrar una jugada similar por parte de Messi en la selección argentina que dirige Diego Maradona, una selección a la deriva y con el temor a, por primera vez en 40 años, quedarse fuera de un Mundial de fútbol.
Quizás en el 4-0 del 28 de marzo ante Venezuela en Buenos Aires, cuando el ´inflador anímico´ de Maradona aún funcionaba. Impulsado por llevar por primera vez la mítica camiseta ´10´, Messi anotó el primer gol en el Monumental, fue clave en el segundo y desequilibró con sus eléctricas internadas por la derecha. En el instante final de aquel partido dejó una jugada de ésas que hacía Maradona, apilando jugadores en una carrera sin freno desde mitad de cancha hacia el arco. Aquella pelota se fue por muy poco, uno de los últimos chispazos de brillo de Messi con la albiceleste, que a partir de ese partido se hundió en una depresión hasta ahora sin fin.
¿Es culpa de Messi? ¿Es ´bipolar´ el candidato casi unánime a ser elegido en pocos meses como el mejor futbolista del mundo? ¿O hay, acaso, diferencias palpables entre el Barcelona dirigido por Guardiola y la Argentina comandada por Maradona? En Argentina muchos piensan que no, que el problema pasa por Messi. Forman parte de una importante corriente que pide jugadores del torneo local, futbolistas con hambre, no aburguesados por los millones del fútbol europeo. Y el hecho de que Messi se convirtiera esta semana en el futbolista mejor pagado del mundo ayuda a calentar esa teoría. "Hagámonos cargo, primero, por hacer de Messi algo que no es, que nunca fue, algo que vimos de él por ráfagas, algo que nos muestra en otro país, con otra camiseta y otros compañeros", escribió un columnista del diario deportivo Olé tras las derrotas ante Brasil y Paraguay por las eliminatorias.
Tras criticar "su postura en la cancha", como si Messi "no quisiera estar ahí", la columna titulada "-10" plantea algo impensable en la Liga española: "Es hora de preguntarse si tiene que jugar".