ALEJANDRO VIDAL
La verdad es que Guardiola no teme al Atlético de Madrid, sino al exceso de confianza de sus jugadores. Lo mismo le ocurre a Manzano, más temeroso de sus propios hombres que del empaque del segundo visitante de la liga, otro recién ascendido igual que el Xerez, aunque el Tenerife no será tan ingénuo a tenor de lo que se deduce de sus actuaciones en Zaragoza y contra Osasuna.
El Mallorca fué a enfrentarse al Villarreal con una motivación superior. Se reconocía inferior a su anfitrión y, lejos de acomodarse, el equipo se juntó y combatió apiñado en torno a un objetivo común. Todo lo contrario de lo ocurrido en Palma en el partido del debut cuando, durante muchos minutos, despreció y concedió más terreno del debido a su rival. Esta es la trampa del partido de esta tarde que, en condiciones normales, no debería ofrecer más dificultades que las propias del fútbol que no son pocas, ya que no por típica es tópica la afirmación de que no hay enemigo pequeño.
La convocatoria local da pistas. El técnico muestra sus cartas al dejar en la grada al portugués Bruno China, de carácter defensivo, y relevarle por Julio Alvarez, competencia para Fernando Varela en el flanco derecho. No menos evidente parece la llamada de Webó, ausente en El Madrigal, en detrimento de Keita, para aumentar recursos aéreos y marginar la explosividad puntual.
Seguro que para Sevilla, el martes, la lista no será la misma. Cada jornada tiene su lectura y cada contrincante merece un planteamiento distinto.
Hoy está en juego la firma de un arranque esperanzador en aras de la ansiada calma.