ALEJANDRO VIDAL
Tácito, historiador latino, ya escribió en torno a los años cincuenta después de Cristo, que el poder no es estable cuando es ilimitado. Debería tenerlo en cuenta el consejero delegado de Mallorca antes de asumir un control que, por otra parte, podría ser escasamente efectivo y muy poco práctico, llevado desde Madrid.
Javier Martí Asensio parece un pirómano, pues no deja de prender fuego a lo que sea incluso cuando, como ahora, el Mallorca había encontrado una relativa calma tras no pocas e intensas tormentas. Pongamos un ejemplo.
Recortar gastos es el objetivo prioritario de la administración de cualquier empresa y, a la hora de sacar la tijera y por desgracia, el personal humano es el primero en pasar por el cedazo, por no decir el tubo. Pero darle publicidad a la criba, por lógica y conveniente que sea, se me antoja una falta de respeto total y absoluta a los trabajadores que, por si fuera poco, se preguntan cada día ante el espejo a cuál de ellos le va a tocar.
Cabe añadir la gratuidad de airear dichas intenciones, puesto que al aficionado, sea seguidor del Mallorca o sencillamente amante del fútbol, le importa tres pimientos cuántas personas trabajan en el departamento de marketing, prensa o limpieza de un club. Son asuntos internos y como tales debieran tratarse. Sin demostraciones, sin alharacas y sin cerillas.