Fútbol. Villarreal - Mallorca
JAUME BAUZÀ. ENVIADO ESPECIAL A VILLARREAL
El Mallorca arrancó un empate en su visita a Villareal (1-1) en un encuentro condicionado por la intensa lluvia que cayó sobre El Madrigal durante una hora, anegando el terreno de juego.
Hubo un partido antes de la lluvia y otro después, y pese al valioso resultado el equipo rojillo tuvo más sombras que luces en ambos escenarios.
En su esperado regreso con el conjunto bermellón, el destino quiso que Borja Valero materializara el tanto del empate en un lanzamiento de falta. Un gol que llegó en el peor momento del Mallorca, noqueado por la lluvia y por el empuje de los locales.
Al conjunto de Gregorio Manzano le sonríen los resultados en este arranque liguero por el que transita con paso vacilante y exhibiendo todavía muchas carencias, especialmente de mediocampo hacia adelante.
La línea defensiva superó con buena nota el exigente examen que le planteó un rival que juega en vertical y adora el fútbol combinativo. Ayudó que el preparador andaluz poblara el centro del campo con cinco futbolistas, juntara las líneas y tapara los agujeros por los que los jugadores del Xerez transitaron cómodamente en el estreno liguero.
Sin embargo, a los bermellones se les apagó la luz en muchas fases del partido. Es cierto que la tormenta que se abatió sobre El Madrigal no dejó lugar para grandes alardes, pero los mallorquinistas sufrieron el agua más que su rival y durante muchos minutos corrieron detrás de la pelota sin un rumbo definido.
El plan de Gregorio Manzano no dejaba lugar a dudas: plantarse en las inmediaciones de la portería de Dudu Aouate y tratar de contener los ataques del Villarreal. Los bermellones se atrincheraron en su mediocampo, lejos de la meta rival y dejando que Aduriz librara otra de sus solitarias batallas contra el mundo.
Rossi, al palo
El Mallorca espesó el partido, pero no disuadió a sus rivales de intentar buscar el gol. Rossi avisó estrellando la pelota en el palo izquierdo de Aouate al lanzamiento de una falta. Tanto el italiano como Llorente, su compañero en la dupla atacante, buscaron continuamente el desmarque mientras Eguren, Cazorla y un Ibagaza que ayer no tuvo su mejor día les suministraba la pólvora para abrir el marcador.
Aouate salvó a su equipo en medio de la ofensiva amarilla deteniendo consecutivamente los disparos de Llorente, Capdevila y Cazorla. Otras veces la falta de puntería impidió que los futbolistas locales se adelantaran en el marcador.
El Mallorca respondía al agobio sin demasiada convicción. Algunas incursiones de Tuni por la banda izquierda y aproximaciones muy puntuales de Aduriz. Borja pagó su falta de adaptación al equipo y anduvo extraviado por el campo, más preocupado por entorpecer el juego del Villarreal que por generar peligro.
Un gran charco
Al filo de la media hora una lluvia torrencial empezó a anegar el terreno de juego y extinguió toda posibilidad de jugar al fútbol. El Madrigal se convirtió en un gigantesco charco en el que apenas se podía desplazar el balón.
El agua no fue un aliado para el Mallorca, que se adaptó muy mal a la climatología. Tener la posesión de la pelota suponía un compromiso para los hombres de Manzano, que optaron por sacudirse de encima el balón cuando lo tenían en los pies. Bajo una densa cortina de lluvia, tampoco los futbolistas del Villarreal sabían cómo salir del apuro. Renunciaron a elaborar y se encomendaron a la caza de alguna pelota en el área de Aouate y disparos a balón parado.
Encontraron lo que buscaban poco tiempo después de iniciarse la segunda parte. Aouate resbaló al intentar atajar un remate de Cazorla y despejó a los pies de Rossi. El italiano, siempre atento, remató el esférico para adelantar a su equipo en el marcador. Nunes no pudo hacer más que mirar cómo la pelota se dirigía hacia la red.
El reto de remontar el encuentro en la piscina en la que se había convertido El Madrigal parecía demasiado complicado, al tiempo que la lluvia arreciaba. Manzano intentó remediar el atasco dando entrada a Castro y a Keita, dos futbolistas técnicos acostumbrados a jugar con la pelota pegada en los pies y no en el suelo.
No estaba el encuentro para exquisiteces, pero el Villarreal mantenía algunos de los argumentos ofensivos que había expuesto en la primera mitad. Los amarillos habían puesto a su contrincante contra las cuerdas y Rossi, Cazorla, Llorente y Pires se esforzaban por despegar las botas del terreno de juego y matar el partido.
En tales circunstancias el Mallorca sólo podía nivelar el encuentro en alguda jugada a balón parado. Corría el minuto 74 cuando Borja Valero ejecutó el lanzamiento de una falta que se coló en la portería de Diego López. El balón pasó por entre una maraña de futbolistas del Villarreal que ninguno acertó a desviar.
Instantes después la lluvia cesó. El gol había supuesto un duro golpe para los locales, que nunca creyeron en la remontada. El Villarreal podrá echarle la culpa a la lluvia de su infortunio. Y el Mallorca sonríe con el tesoro que sacó en El Madrigal.