JORDI MOREY
Los jugadores del año pasado se reivindican de nuevo y firman un espléndido inicio de temporada. La diferencia a otros comienzos estriba en que el grupo de Manzano conserva su patrón de juego y por primera vez en años, afronta el campeonato sabiendo a lo que juega. El doble pivote Mario - Martí es el centro de gravedad de este equilibrado Mallorca al que ayer favoreció el plan de Valverde. El entrenador vasco ha cambiado el fútbol de los amarillos. De la elaboración y el toque de Pellegrini al fútbol directo y vertical que vimos ayer. La ausencia de Senna es vital en este conjunto. Eguren, limitado, e Ibagaza, en posición demasiado adelantada, no se bastaron para hacer olvidar al jugador de la roja. La consecuencia, superioridad en el centro del campo de los rojillos, que controlaron la primera parte sin apenas pasar apuros. La tormenta que se desencadenó al filo de la primera mitad cambió la fisonomía del encuentro. El balón no rodaba y parecía que el primero en adaptarse se llevaría el partido. Cuando todo indicaba que el gol de Rossi dictaba sentencia, el míster amarillo cambió al Caño por Pires y el escenario mudó por momentos. Una falta sobre Aduriz propició un disparo afortunado de Borja que supuso el empate. El Mallorca lograba lo más difícil. Los de Manzano entraron de nuevo en el partido y solucionaron los últimos lances con nota. En definitiva, inicio de Liga serio y prometedor: una prueba más de que hay más equipo de lo que el propio entrenador cree.