ALEJANDRO VIDAL
La reanudación de la Liga impone el protagonismo de los futbolistas y el desenfoque del plano que, hasta la fecha e indeseadamente, han venido copando los directivos por exigencias de un guión que no tendría que repetirse.
Con una reestructuración interna necesaria que indudablemente desviará todavía la atención de lo esencial, no olvidemos que el único interés del aficionado radica en el rendimiento del equipo, su juego y sus resultados. Todo lo demás es marginal.
Ya hemos tenido bastante convulsión como consecuencia de la sinrazón social y la situación económica. Si hemos de seguir bajo los efectos de la tormenta, que al menos las nubes vengan de abajo a arriba y no viceversa.
Es la hora del fútbol y si no se nos dan alicientes para leerla, no está de más denunciar la estafa de las televisiones que captan clientes al anunciar la retransmisión de unos partidos que, por fas o por nefas, terminan por no ofrecer.
El dolo aún va más lejos si consideramos que son ellas las que imponen una locura horaria insostenible, tanto para los equipos como para quienes pagan religiosamente en la taquilla del estadio o la digital y son, en definitiva, quienes mantienen el negocio a cambio del desprecio.