ANTONIO RICO
Caroline Celico, la espo sa de Kaká, cree que Dios ha maniobrado para concentrar un montón de dinero en la cuenta bancaria del Real Madrid, y así poder fichar a su marido. Es una opinión. Una opinión muy tonta. En la película Noche tras noche, la chica del guardarropa dice: "Dios mío, vaya diamante más hermoso", y Mae West replica: "Dios no tiene nada que ver en ello, querida". Pues eso. Kaká es un diamante muy hermoso, pero Dios no tiene nada que ver en su fichaje por el Madrid, querida. Del mismo modo, Dios no tiene nada que ver en los goles de Raúl justo cuando parecía que había llegado el momento de su pase a la reserva, como tampoco tiene nada que ver en el fallo de Valerón a un metro de la portería de Casillas, ni en la habitual decepción que provoca el juego del Atlético de Madrid al comienzo de cada temporada. Dios no siente especial cariño por Kaká, ni por Raúl, ni por Casillas. Dios, aunque a veces lo parece, no odia al Atlético de Madrid. Dios pasa del fútbol.
Dicen que cuando Laplace presentó a Napoleón su Tratado de mecánica celeste, éste le hizo notar que había escrito un libro sobre el sistema del universo sin mencionar ni una sola vez a su Creador. La respuesta de Laplace, exacta en su laconismo, fue: "No he necesitado de esa hipótesis, Sire". La mecánica celeste de Laplace conseguía explicar el funcionamiento del cosmos sin la necesidad de una hipótesis divina; y parece que la mecánica futbolística, aunque a veces llega a ser más compleja que la mecánica del universo, tampoco necesita de la hipótesis de Dios. Como dice Christopher Hitchens en su demoledor alegato contra la religión titulado Dios no es bueno, la religión enseña a las personas a centrarse en extremo en sí mismas y a ser absolutamente presuntuosas, a la vez que asegura que Dios se preocupa por cada uno de nosotros individualmente. La esposa de Kaká peca de presunción. A Dios no le preocupa en qué equipo juega Kaká. Dios no juega a los dados, como decía Einstein (o sí juega, pero a veces los lanza donde no podemos verlos, como dice Hawking), y desde luego Dios no juega a la quiniela. Si Dios jugara a la quiniela sería rico y, como es infinitamente bueno, invertiría su riqueza en aliviar los problemas de la humanidad. Como eso no sucede, hay que concluir o bien que Dios no es rico porque no juega a la quiniela, o bien que Dios no es bueno. ¿Qué preferiría la esposa de Kaká?
Kaká debería prestar más atención a Mae West que a Caroline. "Los diamantes son mi carrera", decía Mae West. Y los diamantes, es decir, la descomunal pasta que Kaká gana en el Madrid y, antes, en el Milan, son la carrera del futbolista. En No soy ningún ángel, Mae West le dice a Cary Grant: "Cuando soy buena, soy muy buena; pero cuando soy mala, soy mucho mejor". Kaká es muy bueno cuando es bueno, eleva los brazos al cielo y da gracias a Dios por el gol (y por los diamantes, supongo), pero sería mucho mejor si fuera un poquito malo, evitara las tentaciones salvo cuando no puede resistirlas, y dejara de mezclar a Dios con el fútbol y creer que, como afirma su esposa, hay alguien ahí arriba supervisando las finanzas del Real Madrid y susurrando al oído de Florentino Pérez el nombre de Ricardo Izecson Dos Santos Leite, más conocido por su nombre de camiseta, es decir, Kaká.
Más Mae West y menos Caroline Celico. Kaká es guapo, rico, famoso y un futbolista excepcional que triunfará en el Real Madrid del mismo modo que un vaso de agua fresca triunfaría en un congreso de sedientos. Pero Dios no tiene nada que ver en ello, querida.